10 de Agosto del 2022
Agustina Quinteiro
Suicidio en Uruguay
Un fenómeno multicausal que requiere de un abordaje interdisciplinario
Encrucijada
Foto: significadodesonar.com

Uruguay, en el año 2020, según datos del Ministerio de Salud Pública, era el tercer país con mayor índice de suicidios de Sudamérica con una tasa de 20,3 casos cada 100.000 habitantes, el doble del promedio mundial, ubicándose en el puesto N°22 a nivel mundial.

 

El suicidio o la autoeliminación es el acto por el que uno decide voluntariamente quitarse la vida. Se trata de un fenómeno social a nivel mundial, el cual ha estado presente en todas las etapas históricas, variando sus principales motivaciones según las características de estas. Es una de las causas de mortalidad más frecuentes a nivel mundial.

Se trata de un fenómeno multicausal, ya que sus causas se atribuyen a una serie de factores, genéticos o biológicos, así como ambientales y socioculturales. Ha sido estudiado durante años por parte de diversas disciplinas como la psicología, sociología, antropología, biología, filosofía, entre otras, procurando definir sus causas y motivaciones, así como sus factores y poblaciones de riesgo, y sus características.

La Organización Mundial de la Salud considera que el comportamiento suicida incluye a la ideación suicida, es decir, el hecho de pensar sobre la posibilidad de cometer suicidio. Elaborar un plan, buscar los medios, intentar y llevar a cabo el acto. Se trata tanto de los pensamientos suicidas como del acto suicida en sí.

Su concepción ha cambiado y evolucionado con el paso del tiempo, pero aún hoy en día persiste una estigmatización sobre el fenómeno y la salud mental en sí, careciendo los sistemas educativos de una educación emocional y en salud mental para los niños, adolescentes y jóvenes, así como una carencia de difusión de información sobre estos temas por parte de los diferentes medios de comunicación. Se cree que los medios juegan un rol fundamental en la batalla contra la estigmatización y desinformación sobre el tema, en cómo se transmite y difunde la información, y cómo se representa en el campo audiovisual, como el cine y la televisión.

Por otro lado, es importante destacar que la OMS elaboró manuales de prevención de suicidio en los que se presenta un protocolo con normas para los distintos agentes sociales que inciden y repercuten directamente en las personas propensas a cometer suicidio, también denominados “gatekeepers”. La idea es que estos se apoyen en las orientaciones de esos manuales, que fue diseñado con el fin de prevenir las conductas suicidas. Uno de estos agentes son los medios de comunicación. Se cree que tienen una alta incidencia en el comportamiento de la población. Existen los llamados “Efecto Werther” y “Efecto Papageno”. El Efecto Papageno hace alusión a que las noticias sobre conductas suicidas que cuentan con determinadas características tienen un efecto preventivo que podría ayudar a reducir los comportamientos suicidas. Mientras que el Efecto Werther refiere al efecto opuesto, la observación o difusión del suicidio podría conducir a otras personas a emular dicha conducta.

Adentrándonos en datos estadísticos, según el Ministerio de Salud Pública, en 2021 en Uruguay hubo 758 defunciones por suicidio, lo que corresponde a una tasa de 21,4%.

En cuanto a los datos sobre la proporción hombre-mujer, el fenómeno es más frecuente en hombres que en mujeres, variando su relación de proporcionalidad según el país. En Uruguay del total de suicidios en 202182,45% se produjo en hombres y 17,55% en mujeres, es decir, una relación de 4 a 1. Esta es de las diferencias más grandes a nivel mundial.

Con respecto a los datos sobre las distintas franjas etarias, estos indican que la tasa más alta se encuentra en las personas mayores de 85 años, seguida de las de 80 a 84 años y las personas de 90 años o más. Luego se encuentran los jóvenes de 25 a 29 años. Según el director del programa de Salud Mental del Ministerio de Salud Pública (MSP), Horacio Porciúncula, en general el adulto mayor tiene el problema de que “no consulta a especialistas de salud mental, pero sí va a medicina general por otras patologías”.

Una de las cosas que el MSP quiere mejorar es la capacitación y el desarrollo de los médicos que atienden en el primer nivel de atención de salud, con el fin de que cuenten con las herramientas necesarias para detectar posibles señales de un cuadro depresivo, factores de riesgo o personas que ya hayan tenido un intento de suicidio.

En 2004 se creó en Uruguay la Comisión Nacional Honoraria de Prevención del Suicidio, la cual comenzó su funcionamiento en 2011, integrándose el Ministerio de Desarrollo Social en este año. En esta comisión se ven involucrados también los Ministerios del Interior y de Educación y Cultura.

Por su parte, el MSP estableció un Plan Nacional de Prevención de suicidio 2011-2015, al cual le siguieron la Estrategia Nacional de Prevención del Suicidio 2016-2020 y más recientemente la Estrategia Nacional de Prevención del Suicidio 2021-2025, en adición a 37 países que ya contaban con la estrategia. El objetivo de la estrategia es “mejorar la atención para personas con riesgo de suicidio y sus familiares, fortalecer el abordaje intersectorial y profundizar en las actividades de sensibilización y educación con la comunidad”, según el MSP.

La Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han recomendado que se implementen servicios que atiendan el tema en el país, y que se realicen reformas legales como leyes de salud mental. La inclusión de la salud mental en los paquetes de los seguros de salud, cobertura para el tratamiento de abuso de sustancias e inclusión de la atención en la red primaria de los servicios de salud serían medidas necesarias a implementar.

Hoy en día en Uruguay se está poniendo en la agenda el tema de la desmanicomialización. La idea es que aún las personas que padecen de graves sufrimientos de salud mental, no estén recluidas en instituciones de encierro.  La Ley de Salud Mental 19529 una de las cosas que plantea es desinstitucionalizar a estas personas, brindándoles atención mediante dispositivos más cercanos a su vida cotidiana. La idea de los hospitales psiquiátricos monovalentes o asilos se intenta erradicar a nivel mundial, por la clara evidencia de que el encierro deshumanizado por tiempos muy prolongados no contribuye a la salud de las personas, lo que sí ayuda es la integración social y la empatía de parte del resto de las personas. La idea es que el tratamiento se base en la integración a la comunidad y en el ejercicio de los derechos humanos, que muchas veces son vulnerados por este tipo de instituciones. La internación, de ser necesaria, debe estar al servicio de la protección de los derechos de las personas y ser lo más corta posible, de preferencia en el marco de hospitales generales.

A pesar de que ha habido mejoras en los últimos años, aún se cree que Uruguay presenta una precariedad importante de recursos destinados a salud mental y al abordaje de la problemática del suicidio en sí. Se requiere de una mayor inversión en centros hospitalarios y personal de salud, así como mejorar la educación sobre el tema del suicidio en sí y la salud mental que está ampliamente vinculado, con el fin de combatir la estigmatización y desinformación que persiste aún en nuestra sociedad con respecto a esta problemática social.

Con el fin de indagar con mayor profundidad sobre la temática, la Doctora en psiquiatría Alicia Canetti mantuvo un diálogo con el portal de APU.uy, respondiendo una serie de preguntas frecuentes sobre el fenómeno social en Uruguay. Canetti, docente de la Facultad de Medicina,  actualmente pertenece al grupo de Comprensión y Prevención de la Conducta Suicida, grupo dentro de la Universidad de la República dedicado especialmente a la temática del suicidio en Uruguay.

 

1.    Qué población/es están en riesgo de suicidio? ¿Son ciertos grupos de personas más propensos a suicidarse?

Se trata de una pregunta muy amplia, que puede analizarse desde distintas perspectivas; como la de género, las franjas de edad o el ciclo de vida, o desde la consideración de grupos de vulnerabilidad, entre otros. Pero si tuviese que resumirlo en términos de propensión, los que tienen hoy por hoy mayor vulnerabilidad en términos de conductas suicidas y suicidio consumado, porque si hablamos de conductas suicidas ahí ampliamos un poco el abanico, pero de suicido consumado, son los hombres y determinados grupos o franjas etarias, particularmente los adultos mayores, y ha crecido recientemente también en el sector de adultos jóvenes de 25 a 29 años. Otro sector vulnerable son las personas privadas de libertad o determinadas ocupaciones como las vinculadas al sector policial y militar. Pero también puede analizarse desde la perspectiva de la vulnerabilidad social y psicológica, es decir en función de situaciones o condiciones en que es mayor la vulnerabilidad o posibilidad de tener esa conducta frente a una situación de amenaza. Por eso cuando hablamos de factores de riesgo desde el campo de salud mental, mientras que otros hablan de factores de vulnerabilidad, hacemos alusión a un conjunto de situaciones o características que aumentan la propensión a la conducta suicida y al suicidio, que son factores sociales, culturales, psicológicos y biológicos, que son factores que aumentan la probabilidad o la propensión a cometer un suicidio.

2.    ¿Existe una predisposición de ciertas personas, por cuestiones ambientales o de genética, a cometer suicidio?

En el tema del comportamiento suicida, como en todas las situaciones y condiciones humanas, las causas o determinantes de los fenómenos no son únicos. Incluso aún habiendo propensión o vulnerabilidad genética, los genes solos no son suficientes, y eso pasa para cualquier aspecto y característica del desarrollo humano. Lo que se produce es una interacción de fenómenos genéticos y ambientales que termina influyendo en la forma en que esos genes van a expresarse en cada uno en particular, en determinado tipo de comportamiento o determinada forma de desarrollo. Los factores ambientales y genéticos actúan de manera conjugada, esa dicotomía que antes se establecía entre ambos conceptos hoy por hoy está bastante superada por suerte. En conclusión, en el problema del suicidio hay factores genéticos y ambientales, con respecto a los segundos uno podría incluir los construidos culturalmente.

3.    ¿Cuáles son las causas que llevan con mayor frecuencia al suicidio? Cuáles son los factores de riesgo más importantes asociados a la conducta suicida?

Decía un famoso filósofo: “El suicidio no tiene causas, en todo caso tiene motivaciones”, es decir, es muy difícil determinar las causas exactas o ultimas. De lo que nosotros hablamos son de factores que contribuyen. Esto se ha trabajado hace mucho tiempo desde distintas disciplinas como la sociología, medicina, antropología, filosofía, psicología, biología. Estos factores son múltiples, e incluso hoy en día hay teorías que de alguna manera intentan distinguir o separar cuales de todas esas situaciones pueden conducir a un pensamiento suicida y cuáles son las que de alguna manera se necesitan para avanzar hacia un comportamiento suicida, asumir ya ese pensamiento, y transformarlo en acción. Se llaman teorías del pensamiento a la acción. Ahí operan diferentes situaciones que van de alguna manera sumándose y contribuyendo a que se termine de asumir la conducta.

El suicidio es un fenómeno multicausal, hay causas de distinto tipoHay causas biológicas que tienen que ver con factores genéticos, se sabe que el antecedente de problemas familiares de salud mental y particularmente de suicidio en la familia es un factor de riesgo, aunque no se tiene claro conocimiento de si es una conducta aprendida o si es debido a la transmisión genética.

También, tener padecimientos de salud que generen discapacidad y sufrimiento físico, o algunas enfermedades en particular, eso desde el punto de vista más biológico. Pero lo que termina pesando con más fuerza tiene que ver con los factores que se relacionan con cuestiones culturales y de la vida cotidiana y con el lugar social que ocupa la persona, que de alguna manera termina generando por algún motivo un sufrimiento psíquico.

Si tuviera que mencionar los llamados factores proximales, o sea lo último que influye antes de asumir una conducta suicida, ya sea un intento o un suicidio consumado destacaría que en general hay sentimientos de desesperación y dolor psicológico tan intenso que se pierde la perspectiva de la salida, de un futuro o un camino que permita salir de esa situación; la única salida que se percibe como posible es la de quitarse la vida para escapar de esa situación de sufrimiento, lo que algunos llaman la “visión de túnel”. Estos serían los factores más vinculados al fenómeno en sí mismo, serían las causas más proximales, a diferencia de lo que algunos autores llaman las “causas distales”, las que están más en el fondo, o más atrás.

Otro de los factores importantes es la pérdida del sentido de pertenencia, eso en los adultos mayores adquiere más importancia. Sería cuando las personas no cuentan con un marco de referencia social donde se sientan parte y al mismo tiempo sienten que no tienen nada útil para ofrecer en esa red de vínculos sociales. Por un lado, la pérdida del sentido en la vinculación social y por otro lado la pérdida del sentido de ser útil para los demás, y por el contrario, sentirse una carga. A su vez, la falta de conexión, de conectividad social. Como seres sociales necesitamos del contacto social y tener vínculos, por ende una carencia significativa en esta área, obviamente tendrá sus repercusiones.

También otro factor proximal o inmediato, puede ser un acontecimiento estresante, por ejemplo, a determinadas edades una ruptura amorosa, el divorcio o una separación, y en los adolescentes y jóvenes pesa mucho la ruptura amorosa, es una situación que conduce a dolor y sufrimiento y que a veces, si se conjugan otras circunstancias presentes, puede desencadenar un evento suicida. A su vez, una quiebra económica, una catástrofe, un accidente, lo que llamamos eventos estresantes o situaciones que nos desbordan y requieren que nos tengamos que readaptar porque se salen de lo que cotidianamente vivimos.

Esos serían los factores más proximales. Si vamos más hacia atrás, a los factores distales, problemas vinculados a la salud mental pueden por supuesto estar acompañados de esos factores, pero puede estar como no. Puede haber, o no, por ejemplo un estado depresivo. El fenómeno del suicidio es muy complejo, las cosas no son lineales y no tienen una explicación única. Es un fenómeno multicondicionado que en general supone  un conjunto de condiciones que en determinado momento generan una especie de bomba o malestar tal que la vida se vuelve imposible de vivir en esas condiciones. Por eso se dice que la persona que se suicida no quiere realmente suicidarse, sino que quiere “salirse” de esas situaciones.

Dentro de los factores distales, entran los genéticos, los antecedentes familiares, algunas cuestiones que se transmiten por herencia y que tienen que ver con la genética o la epigenética, y entre los cuales también está el antecedente de maltrato o abuso en la infancia. El maltrato infantil, entre las tantas repercusiones que tiene. incluye la posibilidad de producir cambios en las formas que se expresan los genes. El maltrato infantil no tiene solo consecuencias en el presente sino que puede tener consecuencias en el futuro, incluyendo entre ellas, la posibilidad de suicidarse. Afecta en general el desarrollo de la persona, siendo capaz incluso de afectar hasta la información genética, la forma en que la información que traemos se expresa, por ejemplo puede aumentar la impulsividad, la agresión. Lo que ocurre en el ambiente, como los vínculos y las condiciones en las que vivas en la infancia temprana, repercute ampliamente en la información genética. Uno trae una información genética pero para que se exprese se requiere de determinadas condiciones que si no están, no solamente distorsionan la manera en que funciona el cerebro, sino que además la forma en que la información genética se transmite y se transforma en proteínas, neurotransmisores, en la forma en la que regulamos el estrés y regulamos nuestra fisiología, entre otras cosas. Hay una estrecha vinculación entre el ambiente y la genética, a veces tendemos a separar, por eso te mencionaba el tema de la dicotomía que hoy por hoy está superada pero todavía cuando hablamos desde nuestra perspectiva disciplinar lamentablemente tendemos a poner énfasis en una cosa, soslayando la otra. El gran desafío actual es tratar de entender cómo se conjugan todas esas cosas y dialogan entre sí, hoy por suerte esa tendencia a separar se va superando, porque el conocimiento nos permite superarlo.

Por otro lado, las causas o motivaciones dependen también de las edades, por ejemplo en los adultos mayores tiene mucho peso la percepción de pérdida de capacidades y la percepción de autolimitación, si esta es muy grande, pueden sentirse como una carga.

Otro de los factores de riesgo, es la impulsividad. Puede ser una característica de las personas, o puede estar asociado a situaciones especiales. Por ejemplo el consumo de sustancias una de las cosas que puede generar es un aumento de la impulsividad.

Intentando reunir todos estos distintos factores, algunos investigadores del tema advierten que cuando hay elementos depresivos importantes y a eso se suma alguna situación estresante, pueden aumentar las posibilidades de tener ideación suicida, y si a eso le agregas la impulsividad, la desesperanza y a veces el hecho de tener alguna situación cercana vinculada al suicidio, no solo un conocido o allegado, sino una figura pública que uno admira y sigue y se identifica, eso favorece el pasaje de la ideación al acto suicida.

 

4.   ¿ Los suicidios siempre se realizan por padecer una depresión? ¿Puede una persona suicidarse sin sufrir de depresión?

Se dice que entre las personas que cometen suicidio, un alto porcentaje, tuvo manifestaciones depresivas; viviendo un conjunto de fenómenos que afectaron su vida diaria y dentro de los cuales está la tristeza, la perdida de interés en las cosas que antes generaban disfrute, se pierde esa capacidad de disfrutar. Hay una dificultad para mantener el pensamiento activo y concentrarse, mantener la atención, hay cambios también en el sueño, la alimentación. Persisten pensamientos de desesperanza y una visión pesimista de la vida, así como una peor autopercepción, lo que se llama la baja autoestima, hay una sensación de desvalorización de sí mismo. Todo ese conjunto de síntomas configuran lo que llamamos una depresión, que puede tener distintos grados. Ese estado, puede estar presente, y de hecho en un alto porcentaje hay síntomas de ese tipo en las personas que cometen suicidio, pero también hay un porcentaje importante de personas que no presentaban esos síntomas o al menos no ese conjunto de síntomas, pero quizás si algunos de ellos como la desesperanza o la culpa, pero no configurando todo ese conjunto de cosas que llamamos depresión. Hay que ser cuidadoso cuando se habla de depresión porque en realidad, es un abanico, hay distintos tipos de depresión, pero en general cuando hablamos de depresión en ese abanico, se trata de personas que sufren una cantidad de malestares conjugados todos ellos para hacer que la persona no pueda afrontar el día a día. A pesar de que la depresión está presente en muchas personas que cometen suicidio, no siempre está presente. También es importante recordar que la amplia mayoría de las personas deprimidas jamás tuvieron una idea o una conducta suicida.

5.   ¿ Cuáles son los signos de advertencia del suicidio? ¿Hay conductas específicas que puedan ser tomadas como señales de un futuro suicido?

Hay señales que se expresan a través de las palabras y otras a través de las conductas. El sentirse solo es un factor de riesgo, pero el aislarse voluntariamente, es una alarma. Las personas pierden contacto con el mundo exterior y se encierran, dejando de lado las actividades que tenían. También, en el caso de quienes toman medicamentos, dejarlos abruptamente y del todo, es otra señal de alarma. Cambios bruscos de conducta, de carácter, tornarse violento o agresivo, cuando la persona no era así antes.

Entre las señales verbales, algunos autores plantean que hablar reiteradamente de la muerte o de suicidarse también es un signo de advertencia. También lo es el expresar reiteradamente que uno es una carga o que uno no vale nada o no le importa a nadie.

Es importante destacar que no se trata de situaciones aisladas, sino de situaciones que se reiteran en el tiempo.

El personal de salud que se dedica a tratar estos casos, hacen cierta clasificación con respecto a las personas que tienen conductas suicidas, catalogando a algunas como buscadoras de atención, y les restan importancia. Pero detrás de un supuesto llamado de atención, no se puede medir hasta qué límite va a llegar la persona, y por restarle importancia se suelen escapar bastantes situaciones, lamentablemente. Esto pasa mucho cuando una persona ha entrado reiteradamente a las emergencias por intentos de suicidio, inmediatamente lo clasifican como “llamador de atención”, o manipulador, y lo descalifican. Esa idea de llamar la atención, que tendemos a desvalorizar, es un claro indicador de que alguien está teniendo un malestar que no puede expresar de forma verbal, de alguna manera ese llamado de atención es un pedido de ayuda, y un indicador de que algo está pasando. Esto se aplica mucho a los casos de autolesiones o autoflagelación.

6.    ¿El suicidio puede ser premeditado, o es un acto totalmente impulsivo?

Puede ser premeditado como impulsivo. En el caso de que sea impulsivo, puede ocurrir bajo el efecto de una sustancia, o bajo el efecto de un delirio o alucinación. En casos en que es premeditado o planeado con antelación, es un signo de alarma aún más grave que cuando sólo existen pensamientos esporádicos que rondan en la mente . En una consulta psiquiátrica o psicológica, cuando el profesional pregunta al paciente sobre si tiene ideación suicida o no, es imprescindible preguntar bien y estar atento a la respuesta. No es la misma situación la del paciente que responde que sí lo ha pensado pero hay motivos que lo detienen, y que no ha pensado en su posible ejecución, a que responda que sí ha pensado y fantaseado sobre cómo lo ejecutaría. En el segundo caso, hay que estar pendiente de la persona, informar a la familia, que no permitan que esté solo, y en muchos casos, hospitalizar a la persona.

7.    Según estadísticas del MSP en Uruguay cometen suicidio más hombres que mujeres. ¿Cuáles podrían ser las razones?

En general, en el mundo, los hombres se suicidan más. La proporción entre hombres y mujeres varía según el país, en algunos es prácticamente igual, mientras que en otros hay una diferencia significativa.

Aunque a nivel mundial los hombres se suicidan más que las mujeres, las mujeres lo intentan con mayor frecuencia, pero los métodos que emplean, en general, son menos drásticos, que los del varón.

Uruguay está entre los países que tiene una relación más alta de proporcionalidad de suicidio hombre-mujer. Teniendo una proporción de cada 4 hombres comete suicidio una mujer.

Hay algunas teorías que sostienen que tiene que ver con factores genéticos, que tienen que ver con la forma en la que regulamos nuestras emociones, manejamos los impulsos, en que se producen determinados neurotransmisores como la serotonina. Pero el hecho de que en nuestro país sea tanta la diferencia entre hombre y mujer mientras en otros países no lo sea nos indica que no se debe solo a causas biológicas, sino que hay factores culturales muy importantes. Hemos crecido en una cultura que coloca al hombre, en cuanto a distribución de poder, en el principal lugar del usufructo del poder y le adjudica una serie de características o de mandatos que el hombre tiene que satisfacer, como el hecho de reprimir las emociones, no mostrar vulnerabilidad y la carga en que tiene que ser exitoso y ser el proveedor. Esos mandatos siguen fuertemente vigentes. Nuestra capacidad de gestionar nuestras emociones es un aspecto fundamental para poder tolerar frustraciones y fracasos, y cuando se nos enseña que no podemos expresarnos ni mostrar debilidad, las posibilidades de salir adelante se ven afectadas. A esto le llamamos la masculinidad hegemónica.

Es fundamental conocer los datos estadísticos y proporciones para poder indagar en las causas, las cuales son fundamentales para poder encaminar una solución al problema.

Todo esto nos coloca en un lugar de responsabilidad, y esta no es individual, sino que es social y colectiva. Tiene que ver con cómo nos educamos, cómo nos relacionamos, en cómo construimos nuestras redes, en qué lugar nos ubicamos o nos ubican en algún lugar de la estructura social y económica.  La pobreza por ejemplo es un factor que pesa mucho también, genera situaciones de precariedad socioeconómica, material, emocional, social, entre otras.

8.    ¿Qué opciones de tratamiento se encuentran disponibles en Uruguay?

Desde una perspectiva sanitaria, los posibles tratamientos son el farmacológico y el psicoterapéutico, existiendo muchos tipos de terapia psicológica. Suele darse una mezcla de ambos tratamientos.

Es importante no infravalorar o juzgar el tratamiento farmacológico. Una adecuada dosis de uno o varios medicamentos puede ayudar a salvar una vida. Aún así, no suele ser suficiente, debe ir acompañado de acompañamiento y tratamiento psicoterapéutico.

Pero estas medidas solas tampoco son suficientes si no se acompañan de la movilización de otros sectores como el educativo, la vivienda, el social. De la misma forma que entendemos que se trata de un problema multicausal, las respuestas deben ser integrales, multidisciplinarias,  multisectoriales y deben involucrar al conjunto de la sociedad. El tratamiento es siempre integral

 

9.    ¿ASSE proporciona atención psicológica y psiquiátrica gratuita para las personas en situación de vulnerabilidad económica? ¿Se cuenta con accesibilidad, rapidez y eficacia? Por otro lado, ¿El gobierno ofrece algún tipo de contención a las personas que han cometido conductas suicidas o presentan ideación suicida?

ASSE tomó el tema con mucha fuerza durante el Gobierno anterior. Entre 2015-2019, trabajó en todos los departamentos del Uruguay creando un sistema llamado Referentes de Intentos de Autoeliminación, que es una figura encargada de toda la logística vinculada a los suicidios, pero sobre todo a los intentos de suicidio, con el fin de prevenir estos. Se realizaron mapas de ruta, en cada departamento se intentó diseñar cuáles tenían que ser las vías cuando apareciera una persona que pudiera estar en situación de riesgo de cometer un acto suicida. Se realizó un mapa de ruta con todos los lugares o servicios disponibles dentro de cada departamento, realizándose protocolos en los que yo participé en la revisión de algunos vinculados a niños y adolescentes.

A fines de 2017 se promulgó la Ley de Salud Mental 19529, que incluye el tema del suicidio, y a su vez la problemática fue incluida en el nuevo Plan de Salud Mental, encomendado por la Ley, aunque no con tanto énfasis como se necesita. Y muchos de los que nos desempeñamos en esta área sostenemos que el tema debía abordarse independientemente, no dentro del plan de salud mental, debido a la importante magnitud y relevancia del problema.

Por otro lado, se creó el registro obligatorio de intentos de autoeliminación, esto quiere decir que cuando una persona realiza un intento de suicidio, el personal de salud debe informarlo y abrir una hoja de seguimiento a la persona, es decir, monitorear si asiste a las consultas y tratamientos, y si ha habido una mejora o deterioro en el tiempo. A su vez, el MSP creó un protocolo de atención frente a estas situaciones, creó una serie de normas obligatorias para todos los prestadores de salud del país, públicos y privados, que indican los procedimientos a seguir cuando uno se encuentra con alguien que tiene un intento de autoeliminación, con el fin principal de asegurar su atención y seguimiento, así como prevenir un posible futuro intento de suicidio. Igualmente el sistema Nacional Integrado de Salud establece la obligación para todos los prestadores de salud de brindar atención a personas con intento de suicidio o autoeliminación y sus familias.

Pero a pesar del amplio esfuerzo por que estas propuestas funcionaran, la teoría al ser llevada a la práctica no siempre funciona. La realidad es que no en todos lados están los servicios de salud consolidados con todos sus recursos, y el personal de salud no cuenta con la formación necesaria para abordar estos problemas, ni existe la capacitación suficiente en temas de salud mental. Por otro lado, hay mucho prejuicio sobre el tema. Así como la sociedad tiene una cantidad de tabúes con respecto al suicidio y la salud mental, estos tabúes los tienen también las personas pertenecientes al personal de salud. Con respecto a la conducta suicida, existe un rechazo todavía en el personal de salud en relación a alguien que tiene problemas emocionales y más aún que pudiera tener algún riesgo suicida. Existe mucho tabú, estigmatización y rechazo y una falta de empatía muy fuerte por el tema en sí, incluso dentro del sistema de salud.

Un ejemplo claro es el caso reciente que ocurrió en un ómnibus, en el que un joven de 23 años sufrió una crisis y fue expulsado del transporte, es un claro reflejo de lo que nos pasa, y lo que pasa inclusive dentro del sistema de salud. Yo he tenido que intervenir frente a personal policial en situaciones de mucha tensión y de aparente conducta agresiva, porque muchas veces las personas, por miedo o rechazo,  se sienten incapaces de acercarse y escuchar a la persona, preguntar qué le sucede e intentar empatizar.

Hoy en día es nuestro desafío lograr mejorar la empatía con la persona que sufre psíquicamente. No hay un real entendimiento de la importancia de asumir la responsabilidad en el tema. 

 

11. ¿Considera que hay una educación emocional adecuada en escuelas y liceos? ¿Y en las familias? Una adecuada educación emocional ¿podría disminuir las tasas de suicidios y las enfermedades tales como depresión y ansiedad?

La forma en la que ayudamos a expresar nuestras emociones y a controlar y gestionar nuestras emociones cuando estamos ante situaciones que nos molestan o que nos dan vergüenza, cómo de alguna manera regulamos nuestra respuesta o nuestras reacciones ante esas situaciones, de modo que no nos afecta afecte nuestra vida o funcionamiento diario, es una cuestión fundamental. Este es uno de los componentes que nos ayudará a reducir la tasa de suicidios. A pesar de eso, es de las cosas que se ven más comprometidas.

Existen aspectos de la sociedad actual que sin duda afectan. El suicidio ha existido siempre, lo que cambian son las motivaciones según la época. En la época actual uno de los aspectos que nos afectan son las exigencias sociales que se van instalando y que incluso afectan sobre todo a los adolescentes y los jóvenes porque se instalan desde etapas muy precoces de la vida. Por ejemplo vivir en una sociedad de consumo donde el acceso a lo material es más importante que el acceso a las relaciones sociales o que el acceso a vínculos afectivos. Vivimos en una sociedad donde empieza a primar todo lo inmediato, por ejemplo la tecnología, las TICS, han contribuido mucho a la comunicación humana, pero han limitado mucho ciertas esferas de la comunicación, han hecho que todo lo queramos resolver rápido y en el momento, y eso no siempre es posible, entonces cuando no se logra, puede generar sentimientos de frustración en las personas que no siempre son bien manejados individual y colectivamente.

12. ¿Cómo podría combatirse el estigma y la desinformación sobre las enfermedades mentales? ¿El Gobierno ha pensado implementar un plan para concientizar a la población uruguaya sobre la salud mental?

Con educación, sin dudas. La educación es lo que contribuye a transformar nuestra cultura, nuestras grandes ideas sobre cómo son las cosas y todos los sistemas que formulamos para interpretar la realidad. Es importante hacer hincapié en que no es solo la educación formal, sino la educación de todos los días, todo lo que recibimos a través de las prácticas cotidianas con las que nos educan. Todos los estímulos que recibimos a través de las instituciones educativas, los medios de comunicación, nuestras relaciones sociales con nuestros pares.

A través de la comprensión del otro podemos ser capaces de lograr generar empatía y así mejorar la convivencia y fortalecer el sentido de pertenencia social.