Cuando esos huesitos ya tienen un nombre y los familiares tienen ese contacto con ellos, ese contacto que durante tantos años le fue negado. Los familiares llegan al lugar sin aliento, y de repente el silencio.
Alicia Lusiardo es Antropóloga Forense y Coordinadora del Equipo Antropológico del Instituto Nacional de Derechos Humanos (GIAF). En este diálogo se abordaron varios temas como, por ejemplo, la realidad del equipo humano que trabaja día a día en las excavaciones; también el compañerismo, el compromiso, la seriedad y la disciplina, características fundamentales a la hora de excavar, teniendo en cuenta que en esa actividad también está la búsqueda de la verdad.
Es de destacar que los equipos forenses generalmente están conformados mayormente por mujeres y quizá en el caso de Uruguay llama la atención porque la mayoría de sus integrantes son varones.
¿Quién es Alicia Lusiardo, la mujer que tiene bajo su responsabilidad la búsqueda de los desaparecidos?
Al iniciar la entrevista se destaca su precisión y seguridad en la temática, también una leve timidez que delata su sencillez, característica que, ni por un momento, opaca la rigurosidad en su trabajo.
Consultada respecto a su trayectoria como antropóloga nos cuenta que “uno se enfrenta a la decisión de que estudiar y en la oferta educativa la antropología no era una de las opciones más buscadas, porque era algo poco conocido, que despertaba mucha inseguridad en el entorno”. Se trata de una carrera que en su momento no era una opción muy considerada. “Todo el mundo reconocía que era algo muy interesante, pero que era una podía tener alguna dificultad a la hora de la salida, de ganarse el sustento con una ciencia como la antropología”, comenta.
“Estudiar antropología – agrega - se podía llegar a ver como algo un poco soñador, estudiarla me llevó justamente a mi pasado en México por haber nacido en un país tan rico culturalmente, tan diverso, donde tuve la oportunidad maravillosa de pasar fines de semana en las pirámides y viendo esa diversidad y la entendía como algo natural. Trabajé en un medio de prensa como fotógrafa, cosa que no había elegido ser; si bien me gustaba la fotografía, soy una persona muy tímida y me daba mucha vergüenza tomarle una fotografía a alguien, pero había que trabajar y esa era la posibilidad”.
En ese sentido cuenta que la fotografía periodística la fue llevando a cubrir notas muy relacionadas con temas policiales, y que, a su vez, sus compañeros no querían realizar por no resultarles de interés. Pero, paradójicamente, ese comienzo determina que en la actualidad esa misma Alicia Lusiardo realice una tarea tan relevante como lo es la búsqueda permanente de los desaparecidos.
“De ahí surge el descubrimiento que dentro de la antropología, existe la antropología forense que estudia las muertes sospechosas, y tenía que ver con devolverle respuestas a las familias, pero con la dificultad de que no se conseguía estudiar eso acá en el Uruguay” recuerda.
¿Hasta dónde puede llegar la antropología?
Las circunstancias de la vida a veces abren puertas inesperadas. Eso parece ser lo que le ocurrió a Alicia que comenta que “con mucha suerte pude salir del país, estudiar y volver con la mente puesta en que así como yo había querido estudiar eso, quería trabajar de eso, y al tiempo de volver integrar este equipo, y estudiar con ese saber incorporado los restos. “El equipo tenía maravillosos arqueólogos que trabajaban en la búsqueda, pero necesitaban la siguiente parte que era que hacemos después que los encontramos, como lo analizamos, qué respuestas se pueden dar, hasta dónde puede llegar la antropología en estos casos”.
Alicia Lusiardo es la responsable del Equipo de búsqueda, y a la hora del cuidado, surge la gran interrogante de ¿cómo es posible estar, año tras año en esa búsqueda incansable y muchas veces frustrante, al rayo del sol, y con lluvia y frío, sin encontrar resultados inmediatos? y ¿cómo se sostiene la armonía de esas personas?
Esas interrogantes las contesta justamente la tarea que realiza Alicia. Y lo hace desde su lucha constante por sostener al equipo en esas condiciones, coordinando no solo el trabajo, sino también no perdiendo de vista la mirada humana, el compañerismo y la armonía, porque hace falta eso para trabajar en una tarea tan sensible en que a veces no se ven los resultados de forma inmediata.
En ese sentido Lusiardo hacía referencia a que “una de las tareas fundamentales no tiene que ver tanto con la búsqueda, sino (con) lograr que el equipo pueda seguir fortalecido para enfrentar ese desafío”.
Una pequeña familia
En ese trabajo que se da a diario con todo el equipo que trabajamos en el terreno “hemos visto nacer niños en el seno del grupo de trabajo, han sido parte de la familia. Tenemos una compañera que hace veinte años que está trabajando en el equipo, Gimena Salvo, que era una chiquilina, la vimos crecer, tener pareja y luego conocer a su hija. También muchos fueron estudiantes en aquella época y hoy están haciendo la maestría, somos una pequeña familia” concluye Lusiardo con emoción.
Desde la perspectiva de género siempre aparece la visión de la mujer que se ocupa de las demás personas. En ese cuidar al otro “es la mujer la que naturalmente ejerce la tarea del cuidado, en lo femenino está el cuidado, no siempre, pero muchas veces es la mujer quien hace la tarea de cuidar, quien hace esas labores de despedida, de acondicionamiento de los cuerpos una vez que han fallecido, de ese trato con la muerte en esa transición de un mundo a otro”, comentó.
No todas las culturas tienen la misma mirada sobre la muerte, pero es a las mujeres que se nos ha impuesto tener que lidiar con algo tan difícil. A la hora de tener que enfrentar la muerte “Las mujeres estamos todo el tiempo lidiando con algo tan difícil como puede ser para nuestras cultura la muerte, las mujeres tenemos esa sensibilidad, fortaleza, empatía, no es exclusivamente femenina, es verdad, pero se nos da muchas veces con esa naturalidad por roles ya establecidos e impuestos” destaca nuestra entrevistada.
Las formas del dolor ante el hallazgo
“En esa búsqueda, no olvidemos que se encuentran personas que no fueron muertas naturalmente, el momento de hallazgo y la búsqueda tienen que ver con el dolor. Nosotros por más que estemos acostumbrados a trabajar en ese contexto, el día que encontramos a alguien, es muy patente ver el dolor en los rostros de nuestros propios compañeros” nos comenta.
Es un tramo fuerte en su relato cuando detalla un poco más ese dolor. “Estar con ese pincelito limpiando la tierra y ver la indignación del lugar donde fueron depositados esos restos, a veces sucios, en el agua, como en el caso de Amelia, desnuda, boca abajo son horas de trabajo que indignan”.
Se refiere luego al tratamiento posterior afirmando algo muy lógico, y es que “todos merecemos un entierro digno, la forma en que fueron tratadas esas personas y como fueron dispuestos esos cuerpos en los lugares, como se trató de ocultar sus cuerpo con las losas, con la cal, eso es muy duro en el momento del hallazgo”, relata.
Pero tal vez el momento más duro es cuando se les abre a los familiares la posibilidad de ingresar al lugar para que observen la tumba clandestina porque en ese primer contacto con los restos que aún no se sabe aún a quién pertenecen y todos piensan que puede ser su familiar.
En este sentido “ellos tienen que hacer el mismo camino que hacemos todos los días nosotros; lo tienen que hacer ellos por primera vez. Llegan al lugar sin aliento, y de repente el silencio doloroso para explicar, porque que eso está en el Protocolo de Minnesota, que habla de cómo debe llevarse a cabo toda la investigación de una muerte sospechosa cuando hay involucramiento del Estado”, explica Lusiardo.
Cuando esos huesitos ya tienen un nombre y los familiares tienen ese contacto con ellos, sobreviene ese contacto que durante tantos años le fue negado.
Luego sobreviene el momento en que los familiares se despiden. “Poder darles la dignidad que no tuvieron, ese es un momento muy difícil porque estas irrumpiendo la intimidad de alguien, estás en el medio de un duelo que no es tuyo. La incomodidad va porque sentís que no tenés que estar ahí, pero tenés que hacerlo para hacer lo posible de que la familia esté cómoda en ese dolor, y tenga toda la información que necesite tener, le damos ese momento de intimidad, ese momento es muy difícil” comenta con dolor.
Por otra parte Alicia relata que los aportes que fue haciendo en esos años en el equipo, no siempre se trató del estudio de restos, porque como se sabe, la posibilidad de encontrar es muy remota y se da cada muchos años. Lo que hace es ir al campo a hacer trabajos de arqueología y colaborar con todo el equipo.
Hasta que llegó el momento de aplicar análisis antropológicos forenses por primera vez, y fue en el caso del hallazgo del maestro Julio Castro y así lo evoca: “me encontraba en el exterior, ni bien llegue tiré la maleta en mi casa y salí corriendo al laboratorio para ser parte de este gran momento que es el hallazgo y el estudio de estos restos. Eso es lo que me lleva a colaborar con mi granito de arena en estas investigaciones”, comenta.
Mucho más allá de los números
197 es el número oficial de personas desaparecidas y en la actualidad restan 161 cuerpos por ubicar, si se consideran las personas que han sido identificas en Argentina (que es donde mayor cantidad de personas han sido identificadas) y los ocho casos de restos hallados en Uruguay.
“Estamos entonces más o menos en el entorno de 20 que serían de búsqueda en el Uruguay, eso es lo más desesperante, porque esa información está y se podría facilitar el hallazgo de los cuerpos en el lapso de meses, que podríamos hacer esa tarea, y hace veinte que estamos luchando para encontrarlos” se lamenta Lusiardo.
Debería ser bastante más fácil en Uruguay, comparado con el escenario de Argentina con 30 mil, y los casos de Chile o cualquiera de los países de la región; el nuestro sería un escenario posible, si hubiera información, pero no la hay.
Búsqueda en el puerto de Montevideo
En relación a la investigación que se está llevando a cabo en el subsuelo del Puerto de Montevideo afirma que ”este caso no es una información que nos lleve a pensar en una excavación en términos de búsqueda de restos de desaparecidos, es una información que todavía está siendo objeto de análisis muy profundo, con una multiplicidad de pruebas y testeos de todo tipo que van de lo documental, las recorridas de ese subsuelo, las entrevistas a personas que nos puedan dar mayor información, los archivos, todavía estamos en la fase, de ver que tan veraz puede ser de que por allí pueda haber algo relacionado a detenidos desaparecidos”.
“Allí se sabe que hubo operativos pero no tenemos más que eso por ahora, mientras no podamos seguir analizando la veracidad que puede tener esta información. Si es verdad que es un lugar donde hubo personas detenidas, tanto en ese subsuelo como en el FUSNA a pocos metros de allí” recuerda Lusiardo.
Predio de Toledo en el Batallón 14
Al respecto Lusiardo afirma que se trabaja allí desde hace ya varios años, “con la importancia que tiene sobre todo con estos dos últimos hallazgos de 2023 y 2024 y la cercanía entre sí de estas cuatro fosas”. Agrega que por ese motivo “Toledo (Canelones) sigue siendo el lugar con mucho potencial para el trabajo, pero con esta necesidad de tener mucha paciencia porque se trabaja metro a metro, lleva su tiempo, tiene que ser muy sistemático para ser verdaderamente certeros en el grado de información”.
Batallón 13 muy cerca del 300 Carlos
Alude también a un predio privado, lindero al ex Batallón 13, y muy cercano a lo que fuera el centro de tortura 300 Carlos (también conocido como Infierno Grande). La importancia que tiene este lugar, específicamente, es su vínculo geográfico con el Batallón y la constatación de un uso de este lugar, a pesar de no ser un predio militar.
“Este galpón donde hubo un centro de detención muy importante, en este predio estamos trabajando ya hace varios meses con una cautela de 30 mil metros cuadrados que ya se abordó más de la mitad. Hay más información que señala ese lugar, pero con la imprecisión de siempre” dice. “Del otro lado también tenemos miles de metros para investigar, esto va a ser una labor de largo aliento que nos va a insumir mucho tiempo y paciencia, pero creemos que es necesaria hacerla y puede dar resultados asociados a estas personas que estuvieron detenidas en este galpón”.
Siempre tenemos información que llega y que se reitera
“No entendemos esta reiteración de información que es estéril pero se reitera, puede tener que ver con alguna información de desestimulo, cambiar el foco, pero ciertamente que hay lugares donde en un futuro no tan lejano podamos movernos, y eso es el interior”
En tal sentido agrega algunas expectativas: “Maldonado es uno de los lugares que tenemos bastante pendiente volver; en el 2023 estuvimos en Rincón del Bonete aprovechando que había bajado la cota por la sequía tan impresionante que padecimos, bueno para nosotros fue lo que nos permitió explorar ese lugar donde había un testimonio que no había podido ser completamente abordado. El equipo tiene muchas cosas en mente para seguir, pero tiene que priorizar, poner orden para poder dar cuenta de los lugares con más potencial y así seguir buscando otros caminos. Nosotros siempre estamos con la expectativa de que llegue esa información que tanto necesitamos para que ayude con esta búsqueda de tantos años”.
No sólo dolor, también impotencia
Respecto a la búsqueda y a los recursos, y también es muy frustrante ver que las personas fallecen sin encontrar a sus familiares eso genera mucha impotencia.
Ciertamente los recursos siempre son escasos “pero es lógico que la gente puede pensar por qué no ponen más retroexcavadoras a dar vuelta la tierra; el tema es que cada una de ellas necesita al menos de tres técnicos, personas que están formadas en antropología; pero no solamente eso, sino también con especialidades que se pueden adquirir estudiando o con la experiencia de trabajar en este equipo. Es tan válido como un título tener información, práctica, pero eso no se obtiene de un día para otro. En cuanto a la formación nosotros tenemos gente que entró al Equipo como voluntaria y hoy por hoy integra la filas del equipo”.
Cuando se trata de recursos para seguir avanzando en la búsqueda en la mayor cantidad de territorio y de forma más rápida “la tecnología puede ser otra de las posibilidades, que también tiene que ver con recursos económicos (porque) si hay fondos se puede invertir en eso. Nosotros hemos capacitado al equipo, hemos adquirido estas tecnologías, otras que les piden prestadas al equipo argentino, tanto los aparatos como a sus técnicos”.
“Siempre volveremos al mismo lugar, necesitamos la información”.
La alternativa puede provenir de los recursos técnicos. “La tecnología es la apuesta que se puede hacer, que va por un camino distinto al de la información, si la información no viene, y no hay una apertura en ese sentido, y bueno hay que seguir apostando a que la tecnología nos pueda ayudar. No existe una tecnología que haga una radiografía del terreno y uno puede pasar un aparato y que te indique que hay un cuerpo enterrado, hay técnicas para el subsuelo o superficie que nos hablan de anomalías, de cosas sospechosas, de cosas a investigar pero no terminan de ser resolutorias a menos que acabemos”.
Y agrega: “la tecnología podría ser una avances, pero muchas veces demoran mucho tiempo, lo vemos con la genética, los geo radares y las sondas, ahora hay un láser que se llama lidar o validar que te permite hacer una imagen 3D de la superficie, todos herramientas pero no son totalmente resolutorias. No viene por tener más personal, no viene (por) más retroexcavadoras, ni (con) más drones, sino por información; siempre volveremos al mismo lugar, necesitamos la información.
Y finaliza reiterando, que “no hemos estado esperando estos veinte años, el equipo igual ha tenido estos hallazgos sin la ayuda de esa información por no esperar. Es muy frustrante ver que las personas fallecen sin encontrar a sus familiares eso genera mucha impotencia”.


