En una extensa entrevista, María Bellizzi, una de las fundadoras de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos habló con portal Apu.uy sobre su juventud, compartió momentos clave y narró las dificultades y peripecias que tuvo -y tiene- que atravesar para buscar a su hijo, detenido desaparecido ya hace casi 50 años por el terrorismo de Estado.
La familia Bellizzi recibió a portal Apu.uy en su hogar, en el que viven hace décadas María y su hija Silvia. El mismo en el que Humberto creció y forjó, también junto a su padre, su personalidad curiosa y un poco reservada, aunque siempre con humor, con creatividad y con interés por la vida social, del barrio, de las y los estudiantes, de las y los trabajadores.
Pero esta entrevista es sobre Marietta, su mamá. Una mujer de pocas palabras, de porte pequeño, y de una enorme voluntad, que dedicó su vida a su hogar y a su familia. Que nos recibió con pizza casera, preparada por ella misma. Que a pesar del frío, de sus 101 años y de llevar casi 50 buscando a su hijo, como cada 20 de mayo, se sigue preparando para marchar.
Al entrar en la casa de Marietta, todo -las paredes, los muebles, las fotos, los adornos-, todo recuerda a Humberto. El tiempo parece haberse detenido alrededor de él. Pero no es un tiempo quieto, o callado, es un tiempo florecido de caminos, marchas, abrazos, audiencias, reclamos, y miles de voces y manos que, casi 50 años después, siguen acompañando.
Debajo de la amplia ventana que da al frente de la casa, dos sillones esperan el encuentro entre madre y periodista, para escuchar el relato de María, la madre, la mujer, la ama de casa, la esposa, la ciudadana ilustre. Cuando le preguntamos a ella, su identidad parece estar muy clara.
¿Quién es María Bellizzi?
Soy la mamá de Andrés Humberto Bellizzi, desaparecido en la Argentina, el 19 de abril de 1977.
Pero antes, mucho antes de ser mamá, no vivía en Uruguay. Marietta nació en San Basile, en la provincia de Cosenza (Calabria) en Italia y con menos de dos años vino junto a sus padres a Uruguay. Era el año 1925. Sus padres se afincaron en Piedras Blancas; su padre consiguió trabajo en una curtiembre y por algunos años hicieron su vida allí.
Cuando Marietta tenía seis años, sus padres compraron un terreno al famoso arquitecto Francisco Piria en el barrio Jardines del Hipódromo. Allí edificaron su casa, y transcurrió la vida entre trabajo, estudios, tres hermanos. Y Andrés, un “paisano” del mismo pueblo que también se mudó a Uruguay y que desde muy chicos se conocían y frecuentaban. A los 21 años se casaron, y tiempo después llegaron los hijos.
“Humberto nació a las 4 de la mañana” en el barrio Cerrito, recuerda. Y agrega: “Estaba por nacer hace bastantes horas. Desde las 5 de la tarde, que ya perdí las aguas, pero hasta las 4 de la mañana no apareció. Y bastante trabajo dio salir, bastante trabajo nacer”. En comparación con el nacimiento de Silvia, que “nació enseguida”, Humberto “demoró”. “En esa época nacían en la casa”, recuerda.
María aclara que “Andrés solo”, era su esposo. En cambio su hijo era Humberto. “El nombre Andrés estaba para la firma; él para todos era Humberto”.
Humberto, entre creatividad, curiosidad y militancia
Cuando se fue para Argentina, estaba trabajando, ¿verdad? ¿Consiguió trabajo? ¿Cómo se instaló allá?
Sí, seguía consiguiendo trabajo porque él hacía cualquier cosa. Cuando fueron a vivir, cuando fue la primera vez, la primera estuvo bastante tiempo en un hotel. En un hotel no tenía lugar para trabajar. Pero él pedía una escalera, un balde, un pincel o lo que fuera. Y él, no sé cómo hacía, tenía un don para conseguir las cosas, que todo lo tenía a su alcance. No es que le gustara tener mucho, era para lo necesario. Porque él, teniendo para lo que necesitaba, no era ambicioso por tener cantidad. No, lo justo, lo necesario como para hacer lo que tenía que hacer.
¿Y qué tenía que hacer?
Pintaba. Pintaba letras sobre todo, carteles. En el colegio, en el liceo nomás ya, tenía un diario de todo lo que ocurría en el liceo. Y lo repartía en otros liceos, con la condición de que tenían que devolverlo. Todo lo que se hacía en el liceo, y parte en el barrio también, de acá. Y hacía un diario, pero como si estuvieras mirando un diario. Todo a mano, todo a mano. El único que ponía los títulos con sellito cuando recién comenzó, era un amigo que tenía una imprenta con sellitos. Tenía toda su letra en una tinta y ahí ponía los títulos. Lo demás era todo con una regla nomás. Ahí escribía como si estuviera mirando, leyendo un libro. La prolijidad tremenda que tenía para hacer las cosas. Él los encuadernaba. Porque hizo con un compañero un libro; el compañero las poesías, y él la escritura. Consiguió unas hojitas en una imprenta, porque tenía un don para conseguir las cosas extraordinaria. Eran unas hojitas rosadas de seda. Y ahí escribió todo el libro. Él lo encuadernó después. Con cualquier resto de tela que estuviera, hubiera acá en casa o nomás, él ya hacía ya la encuadernación del libro.
¿Cuántos años tenía cuando hacía eso?
¿Y ahí qué tendría? Iba al liceo, 16 años más o menos. Ya lo hacía desde antes porque entró con 11 años al liceo. Pero, digamos, en el año 68 tenía 16 años más o menos.
Siempre fue un muchacho muy creativo. Inquieto. Con carisma, me decís vos.
Sí. Él tenía tres años. No como otros chiquilines, que la radio, que era lo que había antes, porque televisión no había, que escuchaban música y bailan, no; él se sentaba en un banquito que le había hecho al padre, con un cuerito, venía el informativo del reporte de eso, escuchaba el reporte de eso, y allá traía su banquito y se sentaba al lado de la radio para escuchar el informativo. Tres años.
¿Ustedes en tu casa conversaban con tu esposo y tu familia de los temas de política, de las cosas que pasaban?
No, en casa, muy poco, porque mi marido trabajaba muchas horas. Y la verdad que de política poco se conversaba. Era lo que se oía en la radio y nada más.
Si pensás en él, obviamente tenés un montón de recuerdos muy claros, muy frescos. Tenés muchos detalles. Pero, ¿cuáles son las cosas que más recordás de él?
Y lo que recuerdo es lo que hacía en el liceo. Y los dibujos que hacía en la escuela. Estaba en sexto año y había hecho también unos trabajos en cerámica… no, en plasticina, es lo que se hace en figuras. Y había hecho un elefante. Y el maestro le preguntó quién había hecho eso. Y él había hecho en plasticina un elefante. Tenía diez años.
Cuando fue creciendo, ¿viste siempre ese gusto por dibujar, por escribir, por crear cosas con las manos?
Era todo con las manos, artesanal. Él era para la pintura, para cualquier trabajo artesanal.
Sobre sus sueños y proyectos.
Desde chico le gustaba, además del liceo, el diario que hacía. Sí, se interesaba por la política. Mucho. Tenía diarios, ya cuando más grandecito, leía Marcha. Era un diario que no todos lo leían, no todos lo compraban. Le gustaba en la radio escuchar radios de otros lados. Él puso una antena acá arriba. Y teníamos una radio, y escuchaba radios de La Habana, de Rusia, de otros países extranjeros. Siempre le gustó, se interesó por la política, por lo que sucedía en el mundo, digamos.
¿Vos cómo vivías ese interés de él?
Nosotros no participamos mucho. Mi marido no estaba en casa nunca, se puede decir, porque trabajaba muchas horas por la cuenta, se iba de mañana y venía de noche a veces. Y yo era para atenderlos a ellos nomás, para hacerles la comida y atenderlos, la limpieza de la casa y demás todo. Para el cuidado de ellos, Silvia después se iba a la escuela; la llevaba a la escuela, e iba a buscarla. Lo mismo después, cuando ya fuimos al liceo también, pero igual siempre por los horarios uno comía una hora, Silvia comía temprano porque entraba a las doce creo, que era el horario, el segundo horario. Y Humberto iba en el vespertino.
¿A qué liceo iba?
Al 8, al liceo. Pero Humberto después cambió, fue a varios. El primer año lo hizo acá en el trece. Y después lo pusimos en el 8. Y después del 8, bueno, fue cambiando. También fue al Dámaso. Ya cuando había dejado, en el 8 ya unos años había hecho, repetía. Porque no le gustaba estudiar. Lo que aprendía era lo que hablaban los compañeros y lo que daba el profesor. Pero agarrar un libro para leer, no. El padre le decía, siempre vas con el librito bajo el brazo. Porque estudiar las lecciones, no. Era lo que aprendía de la clase que daba el profesor.
¿Por qué se fue a Argentina?
Todo el mundo se iba. El que no iba para Australia, se iba a Argentina. La Argentina como era cerca, cualquiera iba con un pasaje. Algunos se quedaban una semana, diez, un mes. Y venían porque no tenían la suerte, la suerte o, digamos, la manera de sobrevivir. Entonces se venían de nuevo para acá. Ya no volvían.
¿Él se fue en el 74?
Sí, en marzo del 74. Se fue con un compañero de estudio del liceo de Humberto. Y le escribió enseguida. Dice, ‘mirá, ¿podés venirte? Porque acá está todo barato. La vida está barata, y trabajo hay en pila’. Él era relojero. Entró enseguida a trabajar. El otro muchacho no.
Se fueron en marzo, vino para las fiestas y ya no volvió. En junio fue la dictadura (en Uruguay) y él se fue en marzo. Y es que si no fuera porque todo el mundo se iba por curiosidad, no hubiera ido quizás tampoco.
Él iba a veces, por ejemplo a Funsa, que había reuniones y eso, pero en casa él no hablaba. Y nosotros tampoco. Nos decía, ‘acostúmbrese a no preguntar’. No quería que le estuviéramos preguntando por sus salidas y demás. Era muy reservado para lo suyo y no quería estar con la familia, porque sabía que al padre no le interesaba la política. Y yo tampoco entendía porque más que lo que uno escuchaba por la radio es lo que se enteraba, pero nada más. Los títulos, digamos, de los diarios y de las informaciones que se veían en la televisión, pero nada más.
Él no hablaba mucho en la casa, probablemente para protegerlos también, de lo que él estaba haciendo, para no involucrarlos a ustedes...
No, pero antes tampoco porque antes, mientras iba al liceo, con los libros y demás, los diarios, estaban los delegados de las clases o qué... No lo comentaba tampoco porque a nosotros en realidad no nos gustaba que estuviera perdiendo tiempo en eso. Para nosotros era una pérdida de tiempo que no estudiara y que estuviera detrás de todas, digamos, esas movilizaciones.
Cuando se fue para Argentina, además de irse por curiosidad, ¿se fue porque estaba militando en algún partido?
No, en aquel entonces me parece que no militaba nadie (...). Yo no sé si militaba. En aquel entonces me parece que después de todos los que estaban encerrados, me parece que no quedaba militancia. Me parece a mí. De repente yo no sé más nada que eso. Habrá otras cosas que yo no las sé. Vos me preguntás a mí lo que sé y yo te contesto lo que sé.
Siempre fue muy inocente. Un día de Reyes le dejamos un auto. Entonces unos chiquilines por acá del barrio, le dijeron, ‘che, ¿cuánto le habrá costado a tu papá ese auto?’; ‘me lo dejaron los Reyes’. Y él, después de más grande, decía, ‘pensar que yo tenía 12 años y todavía creía en los Reyes Magos’. La inocencia, la pureza de alma que tenía…
Detención y desaparición en Buenos Aires
Cuando él va para Buenos Aires, ¿al poquito tiempo lo detienen?
Al poco tiempo, sí, porque se hizo un acto en contra de la dictadura uruguaya. Y ahí hicieron un acto en un club, que ni me acuerdo nunca el nombre. Cayeron 101 uruguayos y entre ellos estaba Humberto, que estuvo unos días encerrado y después lo soltaron (se refiere al Operativo Gris llevado a cabo entre el 19 de abril y el 2 de junio de 1974 en Buenos Aires, ndr). Y siguió y no lo molestaron allá ni acá tampoco. Las veces que venía y que iba, que venía con frecuencia, nunca lo habían molestado.
Cuando desapareció, lo primero que hicimos fue hacer la denuncia. Fuimos a la Embajada de Italia, y ese mismo día de tarde al Ministerio de Relaciones Exteriores.
¿Cómo se enteraron de eso?
Fue un jueves, creo, y el domingo, el hermano de (Jorge) Goncalves, que está desaparecido también ahora, ese fue el primero que desapareció, vino a avisarle a la madre que lo habían detenido, que estaba desaparecido. Entonces, cuando iba a venir para acá, se enteró de que Humberto también había desaparecido. Entonces vino a avisarnos -fue un domingo- que Humberto también había desaparecido. Al otro día mi marido ya fue a la Argentina a hacer la denuncia.
¿Eligieron ir a la Embajada de Italia?
A la Embajada de Italia, después que vino mi marido de la primera vuelta. En el primer viaje que hizo a la Argentina después de haber desaparecido, fuimos a la Embajada de Italia a hacer la denuncia, porque muchos argentinos nos habían dicho que fuéramos porque, siendo italianos los padres, el gobierno italiano lo pedía. Y así lo hicimos. Y ese mismo día fuimos también al Ministerio de Relaciones Exteriores. Y del Ministerio de Relaciones Exteriores, a la semana más o menos nos llamaron, y fuimos. Nos atendió la secretaria de uno que le decían embajador, no me acuerdo en este momento el nombre que tenía. Y la muchacha, lo que hizo fue mirar una esquelita, leyó, así que podía estar sin estar escrito, sin nada. Dice, ‘está detenido pero no se sabe ni lugar ni causa’. Y yo me levanté, me incorporé como para mirar la esquela, y retiró el papel. Capaz que no tenía nada. Era una frase dicha por ella nomás, lo que le habían mandado decir quizás.
Fuimos varias veces. Pero te salían con el cuento de que se habrá ido con alguna chica y que están a veces 15, 20 días, un mes y después vuelven. Y así, siempre mintiéndote con algún argumento, siempre hasta que te cansabas y dejabas de hacerlo, de ir.
La primera vez te dijeron que estaba detenido pero después ya no te lo volvieron a decir más…
No, después te decían cualquier cuento de que se habrá ido con alguna chica o qué, eso. Y en la embajada, cuando fuimos a ver al cónsul, las palabras de él fueron, ‘su hijo no estaba requerido. Se pedía la captura de tres uruguayos y ahí cayó su hijo’. Y de esos tres uruguayos, es muy posible que uno fuera Goncalves, el desaparecido, que se fue de acá una semana antes (de que se instalara Humberto en Buenos Aires, ndr). Estaba entre los requeridos.
Entonces, como el día anterior a que este muchacho lo detuvieran, lo secuestraran, que fueran a la Orient (la relojería donde trabajó Humberto, ndr) a buscarlo, había estado en el apartamento con Humberto. Había ido para que le hiciera unos cuadritos, un trabajo. Estaba un uruguayo. Y entonces, de ahí creo que fue, digamos, el enlace para la inteligencia para detenerlo.
Y la causa que ellos tienen es, como me dijo el cónsul, se lo acusa de asistir a una reunión que no estaba autorizada cuando se hizo el acto ese en contra de la dictadura. Ese fue, digamos, un pecado mortal…
¿Expresarse contra la dictadura?
Eso. Él no quería ir. Todavía le dijo a los compañeros, ‘mirá que no es un lugar oportuno para ir’. ‘No, vamos, que van todos, que va este’. Y lo convencieron, porque era fácil también de convencerlo. No era una persona que decía, ‘no, esto no lo hago y no lo hago’. No; venía uno, ‘sí, no, vamos’. Y siempre estaba débil para eso. No sabía, digamos, rechazarlo.
Cuando empieza la búsqueda de ustedes, ¿qué obstáculos enfrentaste, además de esos que contaste? De que te mentían, que te decían que se había ido por ahí, de que no sabían dónde estaban, de que ya volvería…
El 21 de junio dejamos de ir, porque ya veíamos que no… Te van engrupiendo para ver si te cansabas. Dejás de ir porque sabés que no sacás nada ahí. ¿A qué vas a insistir? ¿Para que te cierren la puerta? Te atendían, con buenos modales y todo, pero no más que eso. Más que ofrecerte alguna mentira.
La búsqueda de las madres y los familiares
¿Cómo siguieron la búsqueda después de eso?
La búsqueda con familiares. Ya después, al poco tiempo, se enteraron, vinieron acá las tres compañeras que primero conocí. Fueron Ester Gatti, Luz Recagno (Luz Ibarburu, ndr) y Violeta Manigoni. Fueron las tres que vinieron a invitarnos a tomar el té a la casa. Eran las reuniones que teníamos, el té en las casas. Y entonces ahí se empezaron a hacer en común pedidos, habeas corpus, o qué, para la gente, aunque se habían presentado antes algunos, pero cada cual por su lado. Pero después se hizo ya el grupo de familiares, y ahí ya conocí a familiares y empezamos a trabajar juntas. Y acá lo que se podía hacer además eran las denuncias que se hacían con las iglesias… algunas eran partícipes, otras se negaban. Pero estaban, por ejemplo, los Conventuales. Estaba Perico Aguirre en la iglesia, también se hacían misas y se hablaba sobre el tema.
Se hizo con Monseñor Partelli una noche, un fogón en Los Palotinos. Era invierno, con unos fogones, porque era un frío horrible. Estuvo toda la noche con nosotros Partelli. Era el obispo de acá. Cosas que uno tiene que, digamos, recordarlas, recalcarlas.
La primera vez que salimos, también fuimos a la Gruta de Lourdes con unos escapularios. Habíamos hecho unos escapularios. Primero nos habíamos puesto un pañuelo como las Madres de Plaza de Mayo, pero después dijimos, ‘no vamos a estar copiándoles, hacer lo mismo que hacen las Madres de Plaza de Mayo’. Nos hicimos un escapulario con la foto de cada desaparecido y atrás decía, Familiares de desaparecidos detenidos. Durante mucho tiempo los usamos. Uno de esos escapularios yo lo doné al Museo de la Memoria.
Hay otros, otros nuestros que quedaban en la casa, no querían…
¿La organización Madres y Familiares empezó a partir de esas reuniones que tuviste con Ester Gatti y las otras mujeres?
Sí. A pesar de que ya había algunas, las tres que vinieron acá a casa lo hicieron en el año 76 cuando desaparecieron los hijos, así que ya hacía un tiempo que se estaban reuniendo con los que desaparecieron en el año 76, los primeros. Después, creo que fue... Después de Humberto, fue (Graciela) Gouveia, fueron... Bueno, no recuerdo ahora todos. Porque tuvieron una tanda en el año 76, en octubre, que fueron los primeros, cuando cayeron el hijo de Luz, de María Ester, de Prieto, de Errandonea. Bueno, muchos más…
Ustedes empezaron a juntarse como Madres y Familiares. ¿Por qué las madres? Las madres siempre adelante, las madres son las que buscan, las madres son las que lideran las búsquedas, no solo en Uruguay.
Había padres también.
Pero siempre hablan de las madres o de las abuelas...
Había padres también, porque estaba (Guillermo) Sobrino, que estaba siempre en las reuniones, siempre en los plenarios, y era varón. Estaba la madre, Julieta, pero el que iba era el padre. Y estaba también el abuelo de (Edmundo) Dossetti, que iba la abuela, pero el abuelo también existía. Mi marido a veces iba también, pero la que más iba era yo. Pero había padres también; Martínez, por ejemplo, era varón y también estaba en las reuniones, en los plenarios. En aquel entonces no eran plenarios, en aquel entonces era el test que se tomaba con las familias.
Para reunirse en esos años en que todavía la dictadura era fuerte, ¿ustedes se tenían que esconder?
Y en ese entonces era fuerte. Nosotros a veces no nos dábamos cuenta, pero había muchos familiares que recibían (amenazas) anónimas y eran perseguidos. Nosotros tuvimos un caso cuando estaba (Eduardo) Pirotto, también en la comisión de Familiares. Un caso de una carta me llegó que tenía la dirección nuestra, pero el nombre era de otra persona. El cartero nos conocía, sabía el nombre nuestro cuál era, dice, ‘pero el nombre no es de acá’. Yo no supe mentirle, en ese momento no supe decirle ‘esa persona estuvo en casa viviendo un tiempo’, para quedarme yo con la carta y ver de qué se trataba. No la agarre. Y después, cuando vino mi marido le expliqué el caso de esa carta. Entonces dice, ‘el cartero debe ser de alguna funeraria’. Mi marido recorrió todas las funerarias habidas y por haber, a ver si encontraba esa carta. Y no, nada. En el correo, a ver si la habían devuelto, y nada, tampoco. Después, como yo recordé, me pareció, que en el sobre decía, Sociedad Española de Socorros Mutuos, para buscar las sociedades de socorros mutuos que estaban en aquella época. Y ahora también quizás. Entonces fuimos a los pañoros, mentimos, dijimos… no se que fue lo que le dijimos, no le dijimos que veníamos por una carta. Y nos atendió el director, y nos llevó al estudio, y la carta estaba ahí. ¿En la carta que había? Era para una reducción de esa persona que estaba en el sobre, entonces cuando vi lo que decía, que no tenía nada que ver con lo que nosotros buscábamos, le dijimos, ‘ah no, esto no es lo que nosotros veníamos buscando’. El tipo se quería morir, enojadísimo que lo habíamos engañado. No nos hizo nada, nos dejó salir. Pero las cosas que uno tuvo que vivir durante todo ese trayecto, y la gente que fue conociendo y los organismos que se fueron conociendo también…
Esto sería en el año, ponele, 77. Fue una de las veces que mi marido iba a la Argentina.
Fueron muchas cosas que pasaron en todos estos años de búsqueda, fue un proceso muy largo, que les ha tocado lamentablemente a ustedes y a muchas familias. ¿Cómo continúa ahora ese trabajo por parte de Madres y Familiares?
Y… seguís. Se sigue como se comenzó. Ahora con los gobiernos que vinieron, salió la dictadura y con los gobiernos que vinieron fuimos al Parlamento, presentamos las denuncias en el Parlamento. Algunos fueron tratados… yo no me puedo quejar de cómo me han tratado, otros familiares se quejaron de que fueron burlados, de que les tomaban el pelo, que fueron maltratados. En ese sentido, yo no puedo quejarme. Pero tampoco tuvimos ninguna respuesta favorable. Después tuvimos a (Jorge) Batlle con la Comisión para la Paz, eso fue una brecha. De ahí en adelante se empezó a avanzar más, después de ese entonces. A pesar de que no sirvió de nada, porque a mí al menos, me lo devolvieron lo mismo que entregué con un sellito que había pasado por ese mostrador, pero ninguna respuesta, nada. Nunca me enteré de que hubiera sacado alguna conclusión de la Comisión para la Paz.
¿No les dieron ninguna pista, ningún avance?
Yo no me enteré de que nadie hubiera recibido nada. Sino se hubiera sabido.
Los primeros restos encontrados
Pasados los años las cosas fueron sufriendo modificaciones. Aparecieron los restos de algunas personas…
Pasó bastante tiempo. Tuvo que terminar la dictadura, irse (Julio María) Sanguinetti, irse todos los demás para que viniera recién… Los primeros encuentros fueron cuando asumió Tabaré (Vázquez). Las primeras excavaciones que se hicieron fueron con Tabaré, cuando hicieron en la Chacra (en Pando, Canelones 2005, ndr), que apareció (Ubagésner) Chávez Sosa. Y después (Javier) Miranda y (Eduardo) Blanco. Y después siguieron los otros, por denuncias o porque el mismo gobierno... Porque cuando el caso de Miranda, dijeron ‘acá está’ y, justamente, lo encontraron. Quiere decir que saber, todos saben, pero todos lo guardan. Yo no le tengo confianza a ninguno. Hasta ahora, ninguno dijo las cosas como son. Algún caso que otro se supo, pero con media docena de cuerpos que aparecen… Los otros fueron por denuncias, y desenterramientos, pero no porque se dijera, ‘acá está’. ¿Qué le dijo (Ángel) Bertolotti a Macarena (Gelman)? ‘Acá está tu madre’, y mentira, no había nada.
Fue pasando el tiempo y siempre mintiendo, siempre mintiendo hasta el momento. No hay nadie que tenga vergüenza para decir lo que pasó, hasta ahora.
Hace poco la ministra de Defensa, Sandra Lazo, pidió a todos los sectores dentro del Ministerio de Defensa que colaboraran y brindaran toda la información que se les pidiera.
Ellos hicieron un pacto de silencio, y de ahí no salen. Se morirán, morirán los familiares, quedarán los nietos, bisnietos, reclamando, recordando, pero hacer… lo dudo. Yo me voy a ir de este mundo, pero no creo que vayan a aparecer.
¿No depende de ningún político?
Es que ninguno… ninguno puso las manos en el fuego. Porque saber, todos saben, todos conocen. Tienen que saber, ¿cómo que no? Tienen que saber dónde están los archivos, ¿cómo que no? Y los archivos muestran lo que quieren; lo que no, lo tachan. Muestran algunos, otros no, así que eso de los archivos es una farsa también.
¿Qué se puede hacer?
Seguir hasta que los otros se cansen, y que nos den (la información, ndr). Que se porten peor que hasta ahora, de lo que se portaron con nosotros. Seguir, y seguir. ¿Y con qué? Con el recuerdo y la protesta, y el pedido, siempre. Es lo que queda. O se cansa uno, o se cansa el otro.
Sobre la justicia
Algunos juicios se han hecho, ¿pero cuántos hay? ¿Cuántos encarcelados hay? Están en un hotel, que lo hizo Tabaré, un hotel para genocidas. No están como estuvo (Jorge) Videla entre rejas, como lo vimos. No están como está (Jorge) Troccoli, el único que tiene una condena como corresponde, ¡el único!
Y fue la justicia a través del Plan Cóndor, no fue en Uruguay.
Fue el gobierno italiano. El tipo se fue con ciudadanía uruguaya e italiana, cuando lo empezaron a perseguir por los ciudadanos italianos. Entonces los uruguayos hicieron un juicio como uruguayos, así que tiene dos condenas: como italiano y como uruguayo. El único que está condenado, para mi. Los demás, no. Una farsa.
¿Cómo ves esta insistencia dentro del Parlamento para establecer una ley que mande a la casa a los militares represores que están en Domingo Arena por tener más de 70 años?
Pero por la edad en la Argentina llevaron a un nazi -los judios-, que tenía 90 años, y sin embargo lo capturaron, y lo llevaron a cumplir su condena. ¡Con 90 años! Tendrían que tomar ejemplo también de otros países.
Si los responsables de lo que le pasó a tu hijo, de la desaparición, te pudieran escuchar, si tuvieras que hablarles, ellos te escucharan, ¿qué les dirías? ¿Qué mensaje les dirías?
¿A los que secuestraron a mi hijo? Yo no sé si viven esos todavía. ¿Qué sé yo si viven? Son tantos, porque no era uno solo. Había una buena cantidad de represores. Yo no puedo saber ni quién fue porque nunca lo supe. Como otros que están detenidos y están en una cárcel y saben quién estaba al mando de ellos o qué. Pero yo no, porque desapareció y nunca más supe más nada. Ni el lugar, ni dónde, ni por qué.
¿Cómo han vivido los momentos cuando aparece la noticia de que se encontró un resto y que podría ser de una de estas personas desaparecidas, de alguno de los familiares?
Y bueno, la expectativa... Pero yo no me imaginaba que estuviera acá. Siempre pensé que los que encontraron eran desaparecidos de acá. De la Argentina, no. Nunca pensé que los trajeran acá, como decían algunos de los vuelos. No. Eso nunca lo pensé. O quedaron donde estaban enterrados, o fueron tirados hasta el mar. Ese es mi pensamiento. Enterrados allá, pudieron haber estado, como Giordano (Héctor Orlando, desaparecido en Buenos Aires el 9 de junio de 1978, ndr.), que no encontraron los restos, pero encontraron la fosa donde había estado enterrado. ¿Y cómo vieron? ¿Quién más en la Argentina fue encontrado? Bueno, fue encontrado (Hélios Hermogenes) Serra (desaparecido en Buenos Aires el 27 de junio de 1978, ndr), que lo trajeron acá (se refiere a sus restos, que fueron repatriados en 2007). Fue encontrado uno de los Josman, Gomensoro Josman (se refiere a Roberto, desaparecido en marzo de 1973, ndr), uno acá, y el otro en Córdoba. Creo que fue en Córdoba el otro cuerpo que encontraron. Los dos hermanos fueron encontrados (se refiere a Hugo Ernesto, desaparecido en Buenos Aires en abril de 1976, ndr). El que enterraron acá, no sé si encontraron el cuerpo, pero el cráneo lo tenía un dentista, creo que era. Lo tenía como trofeo. (Se refiere a Emilio Laca, quién era el médico forense que le había practicado la autopsia al cuerpo de Roberto, ndr).
Vos siempre sentiste que no estaba acá, pero cuando aparecían…
Es que yo no creo que ningún vuelo de los que decían que venían de la Argentina acá, haya estado acá. ¿A ver si encontraron alguno acá? No, no llegaron acá. A los que están acá, son los que mataron acá adentro (en Uruguay, ndr). De la Argentina se encontraron allá algunos. Algún cuerpo no encontraron. Pero acá, ojalá hubiera alguno para poder decir si fueron traídos acá algunos. No. Es lo que uno piensa.
Y aún pensando que no iba a estar tu hijo acá, ¿cómo vivías esos momentos cuando aparecía un cuerpo?
Es un cuerpo, es un desaparecido. Para nosotros son todos desaparecidos. Para los familiares son todos desaparecidos. Cualquiera que aparezca es un familiar nuestro. Es lo que se siente. Y creo que los demás también.
El GIAF (Grupo de Investigación de Antropología Forense, ndr), los forenses con Alicia Lusiardo, con todos los que han hecho la búsqueda, Mariana Mota, la institución de Derechos Humanos, ¿han ayudado?
Sí, todas esas personas, esas instituciones, son todas estupendas, son ideales, pero no pueden luchar con el fenómeno que tenemos. No podemos luchar. Es un cierre y nadie quiere abrir ese cierre. Yo creo que si quisieran… medios, hay. Pero no. Fijate que ahora están lamentándose porque quieren sacarlos por tan viejitos (de la cárcel a los ex militares procesados, ndr). ¡Vamos! Y estuvieron todos… estuvieron todos.
¿Cómo te gustaría que lo recordaran a Humberto?
Y recordarlo lo recuerdan bastante. Lo recuerdan bastante. Estoy agradecida con todos. Músicos, periodistas, cantantes, fotógrafos. Todos lo recuerdan. A los que no recuerdan es a los genocidas. Pero yo estoy agradecida de toda esa gente. De todo lo que han hecho. Porque han hecho fotos, han hecho canciones. Los recuerdan, pero en tantos, en tantos sitios. En la iglesia que tenemos cercana acá, el cura, que es argentino, hizo un muro para el 20 de mayo, hace un par de años, un muro con la foto de él. Es un recuerdo de muchísima gente. Muchísima gente. Uno está agradecido, pero de un montón de gente que ha trabajado y sigue trabajando, que lo recuerda. No puede decir uno que la población no... habrá un sector que no le interesa, pero hay otro que sí que los recuerda en las memorias. Las memorias están siempre.
Una imagen, voy a decirte. Un 20 de mayo, en el memorial, fue Carolina Cosse con Chela Fontora, con un ramo de margaritas. Y estuvo rondando en el memorial. ¿Dónde depositó las margaritas? Debajo de la foto de mi hijo. Esas cosas que uno las recuerda y no puede dejar de decirlas. Hay cosas buenas hechas. Hay gente que recuerda.
¿Hay generaciones que siguen tomando la bandera de la memoria?
Sí, muchísimas. Niños en el 20 de mayo, chiquilines dibujando margaritas en la calle. No se muere, eso no se termina. Así como el 1° de mayo se celebra el día de los asesinados en Chicago, el 20 de mayo acá va a ser una fecha igual. No se va a olvidar. Aunque muchos quieran ocultarlo.
Estamos viviendo un momento muy complejo a nivel geopolítico, a nivel de la región, de los derechos humanos. ¿Qué pensás?
Y bueno, ¿qué podemos pensar? ¿Pensábamos lo que podía ocurrir en Venezuela? Y bueno, nos puede ocurrir acá también. No sé hasta cuándo se puede luchar y se puede recordar. Porque teniendo el ejemplo de lo que ocurrió en Venezuela, acá también nos tiran un balde de agua y adiós. Un país chiquito, que no tiene defensa ninguna, ¿qué puede hacer? Nos aplastan. El día que no quieren que salgamos más, ni sigamos más adelante, nos cubren con un balde de agua.
Se sigue hasta que se pueda. Todo lo que se pueda. Hasta que las fuerzas dan.
¿Qué le dirías a los jóvenes que siguen con esta misma lucha que venís haciendo desde hace tantos años?
Que sigan la lucha como lo hicimos nosotros. El día que no se pueda seguir, no se sigue. Porque no vamos a ser nosotros solos. A los jóvenes también puede ocurrirle lo mismo. No se sabe el futuro. No se conoce. Ahora ya no podemos pensar en que sí que vamos a saber algo, descubrir algo. No, yo no tengo esperanza de saber nada. Menos con los gobiernos que están viniendo, con la región, de la manera que se ve la situación. Pero hay que seguir. De repente puede haber algún vuelco. La esperanza no se pierde.


