16 de Febrero del 2024
Sala de Redacción
República Dominicana
Plan de reducción de la jornada laboral a 36 horas semanales
Monumento
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El 1 de febrero de 2024 comenzó formalmente en República Dominicana (RD) el Plan Piloto Voluntario de Semana Laboral Reducida con el cual busca la reducción de la jornada laboral de 44 a 36 horas por semana.

Ricardo Changala - lacommunis.org

Según lo anunciado por las autoridades gubernamentales, República Dominicana se transformó en el primer país de América Latina en avanzar con la reducción de la jornada laboral y probar la semana de 4 días para sus trabajadores.

El Plan Piloto, en principio, tiene una duración total de seis meses. En ese período las empresas que se adhirieron voluntariamente podrán evaluar el impacto de la reducción de la jornada laboral. Entre las empresas que han anunciado su participación se encuentran Claro, IMCA, EGE Haina, Seguro Nacional de Salud y Sistema Único de Beneficiarios, aunque se aguarda que muchas otras se sumen a la iniciativa.

Durante los primeros tres meses los trabajadores recibirán el 100% de su salario junto a una reducción del 20% de su jornada. El objetivo es evaluar si los trabajadores alcanzan en la jornada reducida la misma productividad.

Durante los otros tres meses, se habrá de evaluar lo resultados obtenidos, tarea que estará a cargo de la Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), para lo cual aplicará varios indicadores, entre ellos, la salud y bienestar del trabajador, la conciliación entre la vida laboral y familiar, el ausentismo laboral y la contribución al medioambiente.

En el acto público de lanzamiento del Plan Piloto, de Trabajo, Luis Miguel de Camps hizo referencia a varios países en los que se ha implementado modelos similares, como Brasil, Australia y Reino Unido, y destacó que en este último el estrés laboral se ha reducido alrededor de 71% al tiempo que las empresas han registrado mayores ganancias, han aumentado la contratación y registran menos ausentismo, entre otros beneficios.

Efectivamente, según varias fuentes consultadas, en el Reino Unido se afirma que decenas de empresas participantes de una prueba temporal de aplicación de una semana laboral de cuatro días, ahora se plantean tornarla permanente, tras calificar el experimento de “extremadamente exitoso”.

Mas de sesenta empresas y alrededor de 3300 personas trabajadoras participaron en el programa piloto de seis meses que se puso en marcha el 6 de junio del año 2022 para estudiar el impacto de la reducción de la jornada laboral en la productividad de las empresas y el bienestar de sus trabajadores, así como el impacto en el medio ambiente y la igualdad de género.

El proceso fue conducido por investigadores de las Universidades de Cambridge y Oxford y del Boston College, así como por la entidad privada 4 Day Week Global, 4 Day Week UK Campaign y el think tank británico Autonomy.

 

Es relevante destacar que el 92% de las empresas participantes ha decidido mantener la semana laboral de cuatro días tras el periodo de prueba, calificando el proyecto piloto de “gran avance”, aplicando el “modelo 100:80:100″, es decir, el 100% del salario durante el 80% del tiempo, a cambio del compromiso de mantener al menos el 100% de productividad.

Varios otros países del Commonwealth como Escocia, Gales, Australia, Irlanda o Nueva Zelanda, o bien ya han iniciado programas similares o bien están en vías de hacerlo.

En años previos, también se han aplicado experiencias piloto en otros países, como es el caso de Islandia, Suecia o Finlandia aunque en ellos aún no se han dado pasos más formales para la adopción generalizada de la reducción semanal del trabajo.

Emiratos Árabes se constituyó en el primer país en establecer la jornada laboral de cuatro días y medio en todas sus entidades de gobierno así como en el banco central del país.

 

Es interesante destacar que entre los impulsores de la reducción de la jornada de trabajo se encuentran algunas organizaciones empresariales que han creado la denominada fundación 4 days a Week, que, en base a datos y experiencias concretas en Nueva Zelanda y otros lugares, fundamentan que la menor duración del trabajo semanal no solo mejora la calidad de vida de las personas trabajadoras incluyendo la inequidad de género, sino la productividad en el trabajo.

En Europa, la tendencia a la reducción del a jornada sin afectar productividad ha tenido cierta constancia histórica.

Por ejemplo, en Alemania, en el año 1980 un empleado trabajaba una media de 2.186 horas al año, pero ya para el año 202 el promedio no superaba las 1.600 horas. En año anteriores, en Francia se había reducido a 35 años, sin que el cambio provocara problemas serios con las empresas y su capacidad de mantener los salarios.

En España, uno de los acuerdos que permitieron la conformación de su actual gobierno, fue precisamente la promoción de la reducción progresiva de las horas de trabajo pasando del límite de 40 semanales a 35 al año 2026, pasando por una primera reducción a 37,5 en 2025.  Se calcula que unos 12 millones de personas trabajadoras se verán beneficiadas con esta reducción sin que ello implique disminución de sus ingresos salariales.

Debe tomarse en cuenta que una cosa es el marco normativo general y otra diferente, la realidad concreta.

Por un lado, en algunos países, como es el caso de España o de los países nórdicos, existen múltiples acuerdos sectoriales o por empresas que rebajan la cantidad de horas de trabajo.

Por otro lado, lo que debe analizarse prioritariamente, son las jornadas reales de trabajo, que no necesariamente coinciden con lo establecido por la legislación.

Según datos de Eurostat la jornada laboral en los diferentes países europeos oscila entre las 31 horas semanales en los Países Bajos y las 42 horas semanales que se trabaja en Serbia.

En América Latina, el promedio de tiempo de trabajo semanal es superior al europeo.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con datos publicados en el año 2023 sobre países que integran esa entidad, Colombia es donde se tiene el máximo con 47,5 horas a la semana, México 45, Costa Rica 44,5 y Chile 42,6.

Sin embargo, en esos países se debaten y aprueban cambios en las relaciones laborales, incluyendo la reducción de la jornada de trabajo aunque con variaciones en sus alcances.

En Colombia, la Ley 2101 del año 2023, plantea una desescalada gradual del tiempo de trabajo semanal con el objetivo de establecer una jornada laboral de 42 horas, en el año 2026, pasando por 44 en el año 2025.

El Congreso de Chile aprobó en abril del año 2023 reducir la jornada laboral semanal de 45 a 40 de forma paulatina. Al año de su aplicación se reducirá la jornada a 44 horas semanales; a los tres años el límite será de 42 horas y al cabo de un lustro se llegará a las 40 horas. La ley prevé la posibilidad de trabajar cuatro días y descansar tres (a diferencia de la legislación actual, que obliga a un mínimo de cinco días laborales).

En México hay varias iniciativas, incluso algunas de modificación constitucional, para reducir el tiempo de trabajo semanal, pero todavía no se han aprobado.

En el caso de Costa Rica, el gobierno ha impulsado una modificación que va en un sentido diferente al de los otros países ya que se propone al crear una categoría de “jornadas excepcionales ampliadas”, de 12 horas diarias con la contrapartida de más días de descanso. El debate lleva mucho tiempo, incluyendo el cuestionamiento a su constitucionalidad.

La mejora en las condiciones laborales, incluyendo el tiempo de trabajo, ha estado en el centro de las demandas sociales y por ende, en el nacimiento del derecho del trabajo.

Se ha documentado que, de los primeros en lograr una reducción de la jornada laboral, fueron los trabajadores del sector de la construcción en Australia, en el año 1856.

Luchas similares se dieron en el mundo entero, como las que ocurrieron en Chicago con triste desenlace y que con el tiempo dio lugar a la conmemoración del 1 de mayo como el día internacional de los trabajadores.

El objetivo de reducir el tiempo de la jornada laboral ha estado presente desde la misma creación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el año 1919.

La Recomendación Nro. 116 de la OIT del año 1962 sugiere que “Cada Miembro debería formular y proseguir una política nacional que permita promover…la adopción del principio de la reducción progresiva de la duración normal del trabajo”, incluyendo una serie de puntos básicos a considerar para ello, como las características nacionales, el desarrollo de la tecnología, la prioridad para trabajos con gran esfuerzo físico o mental, entre otros.

A diferencia de lo que ocurría en décadas anteriores, nunca antes la tecnología y la organización del trabajo ha permitido que la denominada productividad del trabajo haya aumentado tanto, generando condiciones para la reducción del tiempo de trabajo sin afectación de ingresos ni de beneficios empresariales.

Sin embargo, al mismo tiempo, en la mayor parte de los países del mundo, se sigue trabajando con extensas jornadas, muchas veces superando los límites normativas nacionales e internacionales.

La gran mayoría de las reformas laborales promovidas y adoptadas en años recientes son de cuño neoliberal, desregulador o flexibilizador de las protecciones establecidas por el derecho del trabajo e incorporar nuevas modalidades o retoman antiguas formas de trabajo que afectan no solo en descanso sino la vida misma de las personas trabajadoras, como es el caso del teletrabajo, las tecnologías digitales y otras herramientas similares.

Claramente, no es la tecnología por si misma la que determina su uso para mejorar la vida de las personas, como la reducción del tiempo de trabajo. Se trata de promover y alcanzar acuerdos sociales, políticos y culturales que lo hagan posible.

Habrá que estar atentos a la evolución de las reformas comentadas para analizar sus resultados, sacar conclusiones y tomar nuevas medidas para hacer realidad los postulados de creación de la OIT hace más de 100 años: justicia social, derechos humanos y laborales como elementos esenciales para alcanzar la paz universal y permanente.