Con la pregunta ¿Nuevos encuentros entre democracia y transformación? hemos ideado con el Portal APU.uy un ciclo de 6 encuentros con Rodrigo Arocena, en el primero fueron las lecciones que nos dejó la pandemia, el segundo las olas de calor y ahora aborda la desigualdad y la educación.
Roberto Saban: Adjunta a esta nota en el Portal APU.uy está el texto de tus reflexiones en forma más amplia, pero quizás podrías explicarles a nuestros oyentes que ideas son las que has estado pensando últimamente sobre la desigualdad y la educación. En especial me gustaría que te detuvieras en las formas que adquiere la desigualdad en el Uruguay de hoy.
Rodrigo Arocena: Concibo mi modesta tarea como la de un educador, aunque sea veterano. Ahora bien, un educador no debe tener la pretensión de enseñar sino más bien el propósito de ayudar a aprender y, en especial, la tarea de impulsar la reflexión. Así, la respuesta a una pregunta puede ser otra pregunta que contribuya a que cada cual se haga su propia opinión sobre la cuestión en discusión.
Con esa pista como guía, intento ofrecer algunos elementos sobre el asunto planteado. ¿Cuáles suelen ser las diferencias de ingreso, y de condiciones de vida en general, entre una persona que ha podido completar estudios a nivel terciario y otra que no tuvo posibilidades de avanzar mucho más allá de la enseñanza primaria? En Uruguay, menos de la mitad de cada generación completa la educación media. ¿Cuáles son las posibilidades laborales para esos compatriotas? Siempre, la energía personal, la creatividad, la disposición a buscar nuevos rumbos tienen mucha importancia. Pero, para construir vidas valiosas para uno mismo y para la gente que aprecia, ¿no tiene cada vez más importancia que las aptitudes personales se combinan con enseñanza de alto nivel y permanentemente combinada con el trabajo?
RS: ¿Explícanos por favor que es la ¨Brecha 90 10¨ ?
RA: La Organización Mundial de la Salud afirmó tiempo atrás que, en números redondos, el 90% de los recursos monetarios invertidos en la investigación científica relacionada con la salud se vinculan con los problemas que afectan al 10% de la gente. Por consiguiente, sólo el 10% de esos recursos se invierten en la investigación relacionada con los problemas de salud del 90% de la población mundial. ¿No muestra eso la dimensión de la desigualdad vinculada con el conocimiento científico?
No se trata de retacear recursos a ninguna investigación genuina en problemas de la salud. Pero: ¿no sería bueno disminuir por ejemplo los gastos militares para incrementar el respaldo a la ciencia que busca ayudar a resolver los problemas de salud de la mayoría de la gente? Eso es un ejemplo de lo que se puede llamar transformación democratizadora, vale decir, cambios que reducen las desigualdades y benefician a los sectores de abajo.
RS: ¿Crees que la ciencia se ocupa de los temas que le preocupan y le importan a las grandes mayorías?
RA: La investigación científica, como tantas otras actividades humanas, responde a móviles diversos. En la ciencia como en el arte, la curiosidad y la búsqueda de lo nuevo juegan un gran papel. También el compromiso social. ¿Acaso durante la pandemia no se hizo evidente ese compromiso de la ciencia nacional? En el arte como en la ciencia inciden los dineros disponibles. Eso lo muestra por ejemplo la brecha 90 10. Si es así, ¿qué deben hacer los gobiernos para que la ciencia contribuya más de lo que ya lo hace a la solución de los problemas que preocupan a las grandes mayorías?
RS: El Uruguay ha tenido un gobierno progresista durante 15 años, ¿cómo ha sido según tu opinión la política educativa y que grandes líneas de propuestas harías para el futuro?.
RA: Para decirlo sintéticamente, durante esos 15 años se hicieron grandes esfuerzos y se realizaron numerosos avances, pero no se elaboró una propuesta global para la transformación de la educación. Antes que volver a presentar mis pequeñas ideas al respecto, prefiero “pasar la pelota”: ¿no podrían los comunicadores interesados en estas cuestiones centrales impulsar un debate sereno, profundo y amplio al respecto?
RS: ¿Cómo podemos enfrentar los tremendos cambios tecnológicos aquellos que nos formamos en un terciario hace 20 años o inclusive universitarios que sufrimos dramáticamente de analfabetismo digital?
RA: No sé. Lo primero que un docente tiene que hacer es asumir su ignorancia. Sospecho que una vía para encarar esas cuestiones y otras análogas es combinar desempeño ocupacional y formación avanzada. ¿No sería útil que toda persona, como parte de su trabajo habitual y en conexión con las tareas que tiene planteadas, pueda estar aprendiendo y volviendo a aprender permanentemente? Así se podría encarar el asunto del “analfabetismo digital” y muchos otros. Y por aquí vuelvo a la respuesta precedente. ¿No es evidente que afrontar los problemas de la educación pasa por transformar la enseñanza media de modo que prepare a todas y todos para el trabajo digno y creativo a la vez que para acceder con una base sólida a la enseñanza terciaria?


