27 de Noviembre del 2021
Giovanna Farías
La lucha de las mujeres en el interior
Nunca más tendrás la comodidad de mi silencio
Romina Padilla
Foto: Giovanna Farías

Desde el interior se escuchan las voces que luchan por el flagelo de la violencia de género, aunque muchas veces nos quedemos sin palabras ante el dolor.

Romina Padilla es una joven de Tacuarembó que, en los ámbitos en que se desempeña, lleva adelante la lucha, se preocupa y ocupa por acompañar, asesorar, fortalecer a mujeres que están desprotegidas.

Sus raíces son humildes, de un barrio de Tacuarembó, su padre trabajador de la construcción, su madre de la industria cárnica. Formada en la educación pública, como lo dice siempre orgullosamente, es Doctora en Derecho; madre de dos niñas pequeñas y militante feminista. También es referente de la  Confederación Uruguaya de Entidades Cooperativas (CUDECOOP) y es en ese ámbito que creó la Comisión de Género de la Mesa Intercooperativa de Tacuarembó, la cual integra el proyecto “Entramadas” con énfasis en las mujeres de la ruralidad.

Por su militancia en el Frente Amplio fue propuesta como candidata a la presidencia departamental de su fuerza política, lo cual asumió con compromiso y responsabilidad, dejando bien claro que su prioridad son las mujeres, las más desprotegidas, las que necesitan fortalecerse, empoderarse y ser libres de violencia.

Ante un nuevo 25 de noviembre, Día Internacional de Lucha Contra la Violencia hacia las Mujeres, Romina expresa su sentir ante aquellas que ya no están, sobre todo dos mujeres madres, hijas, amigas, vecinas de Tacuarembó.

 

Nunca más tendrás la comodidad de mi silencio

“En este mes especial donde reivindicamos las luchas que hemos enfrentado las mujeres a lo largo de la historia me es inconcebible no pensar en Eliana y en Lilian. En fingir que esta problemática no existe en mi país y en mi departamento.  Lastimosamente nos toca culminar el año con dos casos de femicidios en Tacuarembó y ya somos más de 25 las que no estamos. Dos  Mujeres, dos madres, hijas, amigas, vecinas de nuestro departamento que les arrebataron la vida y condenaron a su familia y sus hijos a un dolor eterno.

Nos tocó transitar en este último tiempo una pandemia mundial, una verdadera crisis política, social y económica en nuestro país. Muchas de nosotras tuvimos que reinventarnos desde todos los ámbitos de la vida y principalmente buscar estrategias  para poder acompañar y no dejar solas a aquellas compañeras que se encontraban aisladas y recluidas conviviendo con su agresor.

También cambio el gobierno y entro en vigencia la  Ley de Urgente consideración. LEY Ferrocarril que modifica perjudicialmente a más de 10 leyes en nuestro país. Y hemos escuchado que los delitos bajaron y que con esta ley somos un país seguro. Que las denuncias por Violencia de género han disminuido y me pregunto ¿qué mujer denunciaría a su agresor estando  en contexto de pandemia recluida con él? ¿Será que se han tomado la molestia de preguntarle a una mujer como se siente en este país?  Sepan ustedes, compañeras y compañeros que no nos van a preguntar porque ya saben cuál es la respuesta. Porque a mis compañeras  no las asesinaron para robarles la cartera. Porque  ven como nos matan en este país y como denunciamos una situación de violencia cada 15 minutos. También ven como desaparecemos como si nos hubiera tragado la tierra.

Pareciera que la solución para determinados temas comenzaron aparecer pero nosotras seguimos siendo asesinadas, abusadas, violentadas, desaparecidas, humilladas, maltratadas.  Y lo vivimos en las calles, en nuestros hogares, nuestros trabajos, con nuestros compañeros.

Mientras la preocupación es si te roban la cartera o el celular y esperas ansioso que el  gobierno  le dé solución al problema, la preocupación de muchas de nosotras es que aparezca esa hermana que desapareció y su familia la espera, es escuchar el grito desgarrador de  padres que tiene que ir a reconocer el cuerpo de su hija, ese hijo que pide por su madre pero ella ya no regresara porque un miserable le arrebato la vida. Es esa una menos que dejamos que la asesinaran porque una vez más llegamos tarde.

Mi miedo es mi derecho a vivir, a caminar por las calles sin ser juzgada por la ropa que llevaba puesta o la hora que caminaba sola aquel día que abusaron de mi cuerpo . Es el derecho a mi integridad física, a mi dignidad, a mi vida la que hoy nadie garantiza y protege.   Y estamos cansadas, hartas de que nos violenten y nos asesinen.

Disculpen la crudeza de mis palabras pero les quiero decir a todos ustedes que en ningún lugar y ámbito en el que me encuentre contaran con la comodidad de mi silencio.

¡¡Ni una menos!! “

Dra. Romina Padilla, mujer, madre, feminista y militante social.