16 de Febrero del 2023
Nancy Banchero
Katherine De Los Santos, de la Seccional 4ª
Los policías saben que soy "la encargada"
Katherine De Los Santos
Foto: apu.uy

Katherine De Los Santos, nacida en Montevideo, es oficial primera de Policía y hace historia porque es la primera mujer encargada de la seccional policial 4ª de Nueva Palmira. Cómo ha sido su vida, por qué es policía, y cómo es su presente, es parte de lo que contó al Portal APU.uy en una extensa entrevista.

Nos atendió en su oficina de paredes descascaradas, con el aire acondicionado “de boca abierta”
pero que no funciona, ella parece estar por encima de tanta decadencia edilicia. Tiene 32 años, es
madre, su pareja es un inspector de tránsito y reside en Colonia del Sacramento. Ingresó en la
seccional palmirense en octubre de 2022 y la vamos a conocer más en profundidad.

-¿Cuándo sintió que quería ser policía?

-Desde que soy niña. Siempre me interesaron las fuerzas tanto la militar como la policial, y tengo
familiares en ambos lugares. Hice el bachillerato en el Liceo Militar y me encantó la enseñanza,
adquirí valores, disciplina, me encaminé en los estudios. Fui a la Escuela Militar dos años y, al
menos en ese tiempo, vi que era difícil para una mujer. Tal vez influyó mi inmadurez, tenía 18
años. Mi hermana estaba en la Guardia Republicana, ella quería que yo fuera policía y me
convenció al decirme que era una carrera con más contacto con la sociedad. Y entré a la Escuela
Nacional de Policía e hice los tres años de internado. Ingresé en el 2011 y me recibí en el 2013.

-¿Cuáles fueron los momentos más duros como estudiante en un área rígida como es todo lo
vinculado a lo militar, a la policía?

-La transición del liceo común al militar. Recuerdo que la primera noche en el liceo militar me
quedó la llave trancada en el ropero, y había cerrado el candado. Lo primero que me dije fue ¿qué
hago? Vino una instructora, le conté que me había quedado la llave dentro, y me dijo:
“soluciónelo usted, pero no rompa el ropero”. Ahí me di cuenta que tenía que buscar la manera de
resolver sola mis problemas y eso fue duro al principio, pero con el paso de los años me di cuenta
lo bien que me hizo para madurar, para resolver las cosas. Claro, esa noche vino una compañera
de otro grupo, volcamos el ropero hacia adelante, cayó la llave y pude abrir. Nunca más me olvidé
de la llave adentro del ropero.

-¿Cuál fue el momento de más satisfacción en la escuela de policía?

-Cuando me recibí a los 23 años. Después de tantos sacrificios, porque mis padres estuvieron
ausentes. Me criaron mis dos hermanas y me dieron todo lo mejor que pudieron. El día que me
recibí sentí el orgullo de decir: llegué, lo logré y también darles las gracias a mis hermanas por
todo lo que me dieron en la vida.

-¿Por qué dice “me criaron mis dos hermanas”?

-No tengo padres, no fallecieron, sino que fueron ausentes. Mi hermana mayor, 10 años más que
yo, gracias a Dios se hizo cargo de mí. Desde la adolescencia quedé a cargo de mi hermana mayor y como pudo me supo dar una buena enseñanza, ella es policía, y con muchos valores. Y mi otra hermana que es un año menor que ella fue la que continuó ayudándome. Mis hermanas son mis madres, ahora una tiene 41 años y las otra 42, una es policía y actualmente está en comisión en Bomberos, y la otra es enfermera, las dos son enfermeras en realidad.

-Las tres hermanas en tareas de servicio...

- Sí. Incluso mi hermana, Cecilia, la que tiene 41 ahora, estuvo en misiones de Paz en el Congo como enfermera de combate.

- ¿Cuándo terminó la carrera cuál fue su primer destino en la policía?

- La URPM (Unidad de Respuesta de Patrullaje de Montevideo). Estuve un año y poco en el
patrullaje de Montevideo, ahí fue mi inicio como oficial, me tuve que hacer cargo de un turno ni
bien me recibí, pasé a aprender con los policías que estaban, pero mi anhelo era ir a la Guardia
Republicana. Al año y poco me aceptaron la solicitud y fui coracero dos años en la guardia. Fui la
primera oficial con un curso de operaciones especiales en armamento y tiro, aprendí lo básico.
Aprendí lo básico de todas las unidades dentro de la Guardia Republicana.

-¿Le ha tocado tener que desenfundar el arma y disparar?

-Desenfundar sí, disparar no. El procedimiento más arriesgado que tuve fue en Montevideo, en el
Cerro, cuando capturamos a dos personas que habían rapiñado una madrugada, en ese entonces
hacía poquito que había ingresado a la Guardia. Fue la primera y única vez que tuve un
enfrentamiento. No les dimos tiempo de sacar el arma y pudimos reducirlos. Ese fue el
procedimiento más impactante como oficial nueva que era, fue una reacción rápida la que tuve,
porque los rapiñeros tenían un arma con cargador de 30 y estaban dispuestos a todo

-¿Ha sentido miedo?

Sí, cuando intentaron rapiñarme en Montevideo, eran tiempos donde rapiñaban a las mujeres
policías. Mi hijo era chiquito tenía 4 o 5 meses y el miedo que sentí fue que si me pasaba algo a mí qué iba a pasar con él. Mi miedo siempre es que mi hijo vaya a quedar sin su mamá. Ese fue el
motivo por el cual me vine para Colonia. Ahora mi hijo tiene 6 años, y mi pareja es un inspector de
tránsito de Colonia.

-¿En qué año ingresó a la Jefatura de Policía de Colonia?

-En el 2017. El jefe anterior de Colonia (Robert Yroa) fue mi director en la Guardia Republicana,
quería que yo fuese oficial de calle en Colonia. Me desempeñé en el CRT (Centro de
Especializaciones Tácticas), que después pasó a ser el PADO, también estuve a cargo de la unidad de perros policiales de Colonia, mi tarea era coordinar con los policías guías de perros cuando los necesitaban.

- ¿Qué pasó después?

-Estuve en el PADO en el 2018 en la calle también. Después tuve una situación personal de salud
un año y medio, y cuando me reintegré pasé a Nueva Palmira, en octubre de 2022. Es la primera
vez que estoy en Palmira, y a cargo de una seccional.

- ¿Qué implica ser encargada de una seccional?

- Es una responsabilidad, y lo tomo como una nueva experiencia de aprendizaje porque nunca
dejamos de aprender por más que lleve años en la policía estando en la calle. Acá estoy
aprendiendo un montón de cosas. Es un aprender permanentemente, es trabajar en forma
coordinada conjuntamente con Investigaciones de la Seccional 3ª. No es una comisaría, es un
conjunto.

-¿Ha sufrido discriminación como mujer policía?

-Sí. No directamente, pero a veces se siente esa energía. Yo sé que por algo estoy acá, me gusta. A la hora de trabajar soy un policía más. Me encanta el equipo de trabajo que tengo acá. No lo
conocía. Me sentí muy bienvenida, son policías muy cumplidores, fieles, compañeros, la verdad
me siento genial acá. Aprendí que antes que nada hay que liderar al equipo de trabajo, no imponerse, no ser duro. Pienso que el policía que trabaja bajo presión, incómodo con un encargado, no va a trabajar bien porque necesita esa confianza, esa liviandad de sentir que puede trabajar tranquilo. Al liderazgo lo siento como que cuando hay que estar hay que estar, cuando hay que ajustar hay que hacerlo, cuando el policía trabaja bien se merece un reconocimiento y hay que hacerlo, involucrarlo en el trabajo, dejarle lineamientos. Ellos saben que soy la encargada, y siento que el liderazgo se gana. Si tengo que salir y transpirar la camiseta con ellos saben que lo hago, no me quedo acá en la
oficina.

-¿Cómo es su vida cuando cuelga el uniforme?

- En realidad, lo cuelgo, pero sigo trabajando por más que esté en mi casa de Colonia. Mi pareja
entiende, él sabe que es así, sabe que tengo una gran responsabilidad acá. Ahora mi hijo está de
vacaciones con su padre en Rivera, pero después en el año tengo que cumplir mi rol de madre, él va a la escuela de Colonia, trato de llevarlo al fútbol y compartir con él el tiempo que más puedo. Mi hijo es lo más importante que tengo, mi rol de madre es la más importante.

-¿Qué consejo le daría a alguien que quiere ser policía? 

- Que se prepare porque se ven cosas muy duras, aunque nunca se está preparado para todo. Hay que concientizarse que puede pasar cualquier cosa, contener a una madre que perdió un hijo en un siniestro de tránsito. Tenemos que estar bien nosotros para poder ayudar a las personas,
seguros de que podemos cumplir la función que tenemos en la sociedad. Si uno no siente que
quiere servir o ayudar a los demás, tal vez no es feliz en este trabajo.

- ¿Hasta dónde quiere llegar usted?

- Mi objetivo es seguir estudiando; mi meta es llegar al grado 10, que es el de comisario general.

El abordaje policial

-¿Entre los problemas más destacados están los robos para el consumo de drogas?

-Sí. Llevé a un menor a una pericia psiquiátrica donde la justicia quería sabe si había que internarlo para ayudarlo. Falta que se involucren más los padres, porque muchas veces los veo como ausentes. En ocasiones, me cuesta más ubicar a los padres que a los hijos, y cuando son menores se necesita la autorización de los padres, de lo contrario no se puede hacer nada.

- ¿Considera que hay muchas bocas de venta de droga en Palmira?

- Debe haber más de las que pienso. Pasa que mucha gente no quiere comprometerse, hablar, por temor a las represalias, y es entendible, más allá que la información que recibimos acá es
reservada, es un testigo protegido.

- ¿Hay pasta base?

- Sí, se ha ido expandiendo, viene de Montevideo.

- ¿Y violencia de género?

- Acá hay un número importante de casos de violencia doméstica y de género, tengo una policía
especializada en esos temas, es increíble la cantidad de casos que lleva adelante, trabajando con la justicia. No hemos tenido al menos hechos de gravedad, porque gracias a Dios tenemos víctimas que vienen a denunciar y la Justicia toma las medidas pertinentes.

- ¿Hay hombres con tobillera?

- Sí, no tengo el número exacto ahora.