29 de Marzo del 2021
Entre deudas y salud, unión.

El vocero y vicepresidente de la Asociación de Salones de Fiestas del Uruguay (ASFU), Juan Gandolfo, relató al portal de APU el difícil momento que atraviesan los eventos y salones de fiestas, al que describió como preocupante, triste y complejo.

La situación que enfrenta esta industria con más de 50.000 mil trabajadores es inquietante. En un sector que no se encontraba totalmente conformado pero que, atravesando la pandemia, se unió para alzar la voz de un grupo que se considera olvidado por el gobierno.


 

En este momento la industria cuenta con representantes en la Cámara de Eventos del Uruguay (CEU) y en la Asociación de Salones de Fiestas del Uruguay engloban aproximadamente a más de 800 salones y servicios en todo el país. Hasta el día de hoy hubo reuniones con diputados y senadores y luego con Presidente Luis Lacalle Pou. Sin embargo las medidas no son suficientes y el sector se hace escuchar a través de manifestaciones creativas, procurando respetar los protocolos sanitarios, para que se les dé respuestas.


 

ASFU promueve la reactivación del negocio en propuestas simples como el buen manejo de la información, entienden que las medidas implementadas no solo deja en estado vulnerable a los trabajadores sino que, con respecto a las aglomeraciones, no vela lo suficiente por su salud. Parte de los salones brindan sus servicios para eventos pequeños con una reducción de hasta un 50% de ganancias, servicios de comida y bebida, hasta se llegó a considerar la posibilidad de utilizarlos como centro de vacunación en un intento de mantener un buen diálogo con el Estado. Pero la relación poco a poco se vuelve tensa ya que los impuestos se mantienen y los salones en su gran mayoría no están trabajando, por lo que su facturación es nula en tanto el endeudamiento es un factor constante.


 

Este año se perdió muchísimo y la realidad es que nunca vamos a volver a donde estábamos, pero intentamos llegar a algo parecido” dice Gandolfo y con un color triste en su voz, nos cuenta que en su mayoría son salones de familias los que luchan día a día en generar ingresos. Entiende que las autoridades demuestran una falta de conexión humana con este sector que ha sido olvidado, aunque fue uno de los primeros en recibir el golpe en el 2020. A pesar de eso continúan reinventándose para sacar la cabeza a flote.