31 de Enero del 2023
Roberto Saban
Emigrados uruguayos en la Argentina
El candombe uruguayo no afloja ni abajo del agua. ¨Candamia¨
Candamia
Juan Carlos Pietro Nazareno, ¨Candamia¨
Foto: Gaby Morena

Por gentileza de la Revista EL URU, publicación trimestral de la ¨Unión de Residentes del Uruguay¨ en Buenos Aires, transcribimos la entrevista que le realizaron sobre fines de 2022 Anibal Benitez y Leonardo Piccininno a Juan Carlos Pietro Nazareno ¨Candamia¨.

 

A continuación compartimos texto y audio de la entrevista a Candamia.

 

LP- Estamos con Juan Carlos Prieto Nazareno, más conocido como “Candamia” ¿De dónde salió ese apodo?

JC- No sé, de Ansina, porque yo soy nacido y criado en Ansina 1030, a mitad de cuadra, donde ya hoy no están más esas viviendas, donde más del ochenta por ciento éramos todos de mi raza negra. Hoy en día ya no, creo que hay una familia sola. Se hicieron departamentos, lo tiraron abajo los militares y echaron a todo el mundo y los mandaron a parar a la antigua fábrica de Martínez Reina en el barrio de Capurro, que no tenía ninguna condición para convertirse en alojamiento para las familias. Yo no llegué a estar porque estaba acá en Buenos Aires hacía rato. El sábado hizo 48 años que llegué aquí a la Argentina. Llegué un 8 de octubre del 74.

LP- ¿Por qué te viniste?

JC- Vine por varios problemas. Yo soy pintor de coches, ahora no trabajo más, pero ese es mi oficio. Trabajaba en Michelena y Dubra, trabajé también de encargado en una concesionaria de Fiat en Pagola y Boulevard. Cuando terminaba de trabajar me iba caminando hasta Ansina. Así como terminaba, todo con manchas de pintura y un día estaban los estudiantes manifestándose por el tema del boleto, fue cuando mataron a Liber Arce. Y yo venía caminando lo más bien cuando me levantan, me llevaron preso y me ficharon los milicos. Así nomás sin comerla ni beberla.
Bueno eso pasó, pero como mi señora hablaba ruso, mi suegro era Agustín Pedroza del sindicato de la construcción. En la familia estábamos todos con militancia política, yo afiliado al Partido Socialista, mi suegro era comunista y con esto de que estaba fichado no me gustó nada esa actitud de los militares. Y bueno seguí trabajando, me cambio de taller, trabajo a dos cuadras de Ansina, en Isla de Flores y Magallanes.

Estando trabajando un mediodía escucho que los militares están pasando un comunicado, era un primero de mayo, que todo aquel que estuviera en la calle caminando y fuesen más de cuatro, no sería respetada su libertad. Bueno pasó, voy a mi casa, almuerzo, y después como estábamos acostumbrados a salir desde Ansina con los tambores por el primero de mayo o el día de la madre.

Bueno llegan las cinco de la tarde y voy hasta Ansina, yo ya vivía a dos cuadras. Bueno voy y ya se estaban aprontando los muchachos para salir y les digo:

“Bo, mirá que escuché en el informativo que más de tres o cuatro personas no se podía estar en la calle”. – “No, pero mirá que nosotros nunca hicimos nada, nunca vino ´la policía”. –“Bueno, vamo a salir”-

Salimos… había como treinta o cuarenta tambores.
Allá como a las dos cuadras, íbamos por Isla de Flores llegando a Ejido, veo un helicóptero que venía sobre la cabeza de nosotros zumbando. Y ya me empecé a preguntar… “¿y qué pasa ahora?”.

Bueno caminamos media cuadra más y veo un par de colectivos pintados de verde de cuartel en la placita de Yaguarón donde paraba Zitarrosa, frente al cementerio. Veo un par de camiones y vi que estaban bajando los milicos.

Ya la gente se empezó a esparcir, y bueno nos encerraron con los colectivos y los camiones… y todo aquel que tenía tambores, vamo arriba.

Yo se lo quise pasar a uno el tambor, pero ¡qué! si éramos nosotros los culpables de todo eso. Intenté meterme en una casa con otro muchacho, pero la señora nos echó. Y quedamos ahí a merced de ellos.


Bueno así fuimos a dar al Cilindro. ¡¡¡Nos dieron los baños para dormir!!! Ahí en los baños, pelado, tirados en el piso…

Y en la cancha de básquet había algunos políticos. Estaba Terra de la Unión Cívica y otros más. Y los que estaban presos ahí, estaban prendiendo fuego el parquet para cocinarse en tanques de 200 litros.

Ahí había papas, pedazos de carne, zanahorias enteras… y nos entraron a preguntar y a ustedes porqué los trajeron. Y les dijimos que por tocar el tambor. Así que otro fichaje más.

Sé que, desde ese momento, desde ese primero de mayo del 1974, yo afiliado al partido Socialista, mi cuñado también, mi suegro comunista y presidente del sindicato de la construcción, mi señora que hablaba ruso. Estaba salado, venía mal. Así que agarré todos mis petates, junté unos pesos y me vine para acá, para la Argentina, con mi señora y los chicos. Y me costó asentarme, bastante, bastante. Y más con tres pibes.

AB- Y eso te quería preguntar, porque en aquel momento aquí no había raza negra, ¿debe haber sido muy difícil para ustedes?

JC- Dificilísimo. Apenas llegué tuve varios problemas. Me acuerdo de un tren, estaba mi tío acá, José Ruben Vargas, el Quirincho (varios primeros premios del carnaval, 16 o 17 premios de Llamadas en el Teatro de Verano).

Él también era pintor de autos, él me enseñó y me hizo venir. Y a él le dieron una casilla allá en William Morris. Pero él se estaba por volver al Uruguay, y volvió. Y la casilla me la dejó a mí. Chiquitita la casilla. Y allá fuimos a parar con mi señora y los tres pibes.

Y en esos tiempos yo había agarrado para tocar tumbadoras en una orquesta de cumbia de acá. Era un sábado me recuerdo, yo había ido a ensayar a la tarde con ellos y a la noche tocábamos. Así que para no ir y volver que era a trasmano me quedé acá y justamente había cobrado una quincena en el trabajo.

Ahí yo trabajaba en Cochabamba frente a la plaza Martín Fierro. Ahí había un taller grande que se decía que era de la señora de Sandrini, Malvina Pastorino. Decían que era de ella, pero lo regenteaba el hermano.

Bueno, cobro la quincena, voy a tocar a la noche con la banda y cuando voy para mi casa ya era de madrugada ¿no? Estaba exhausto y ahi arriba del tren me robaron, los documentos, la quincena, todo. Ahí me atrasé en mi vida, muy mal, muy mal.

No tenía ni para venir a capital, no tenía… Ahí me rescató un muchacho del barrio y me ayudó un poco.
Después de esa bruta experiencia, un día me encuentro acá en el Once con un muchacho amigo, criado conmigo, José Pedro Camargo, el Mono. Que era el capitán del “Bafo da Onza” el grupo musical.

El también había tenido unos problemas en el Uruguay entonces se vino para acá. Bueno como te digo, nos encontramos ahí en el Once y previo unos vinitos ya era un poco tarde y nos llevaron presos, a mí y a él. Pero nos soltaron enseguida y ahí hicimos pa´ vernos más seguido. Y él vivía en el barrio Churruca, antes de llegar a Campo de Mayo.

Bueno nos hablamos y me dice tenés que venir a conocer mi casa, por ahí te venís para acá que vas a estar más cómodo. Y ahí me fue a buscar, nos comimos un asadito, previo unos vinitos y nos pusimos a cantar. Estaba el Mono Camargo, estaba el brasilero que cantaba en el Bafo, Elbio Castellano, que venía a ser el padre del Araña, yo no sabía.
Y ahí me acomodaron con mi familia y ahí empecé a levantar un poco mi estima y me hice, como te voy a decir, más cancherito acá en la Argentina, porque era novato yo. No conocía casi nada de capital, estaba siempre prácticamente en provincia.


Un día me encuentro con Alfredo Luna, uno de los Rodríguez Andrade y me dice “bo Candamia andabas por acá”. Justo venía un primo hermano mío que estaba en el grupo Latino, tocaba los timbales. Y me invita ahí a la cancha de San Lorenzo, que venía el grupo Latino y justamente venía mi primo, para mí, mi hermano.

Nuestras madres murieron de tuberculosis en el tiempo de la epidemia, entonces nos crio a los dos mi tatarabuela, en Ansina.

Yo no conocí a mi madre y él tampoco. Después di con mi padre, pero ya tenía como trece o catorce años. Me cambió la cabeza al irme con mi padre. Era feriante, carrero y de vivir en pleno centro, ahí en Ansina y de ahí ir a vivir al campo, levantarme a las tres de la mañana para ir a buscar los caballos, me cambió el cabeza, mal.

De vivir en pleno centro y junto a la playa Ramírez y cuidar petisos en el Parque Rodó. Me cambió completamente la vida.
Cuando muere mi abuela me mandaron con mi viejo. Mis tíos no me quisieron aguantar. A parte había problemas entre ellos y entregaron la casa. Y ahí me cambia la vida a mí. Me llevó y al tiempo me escapé. Y adonde iba a parar… a Ansina. Y así varias veces, hasta que no volví más con él y dormía en Ansina en cualquier lado, hasta en la playa. Anduve muy mal.

Si no fuera por la familia Correa y otra señora que a veces me daban para bañarme y me daban algún guisito. Pero dormía mal, dormía mal. Estaba en la calle. Hasta piojos en la ropa me había agarrado. Muy mal anduve. Ahí tenía 14 o 15 años y capaz que menos.

AB- ¿Hacías música allá en Montevideo?

JC- Cuando estaba con mi abuela, salimos en un carro alegórico con un montón de muchachos que hoy están casi todos finados ya. ¡Que los extraño mucho! También de chiquilín hacía de escobillero. Eso será por en 48 o 49, porque yo nací en el 42, hoy tengo 80 años. Mi abuela me disfrazó de Negro Viejo para salir con los Libertadores de África, la comparsa de Ansina que era del viejo Pedro Ferreira.

LP- ¿Tocabas en alguna comparsa?

JC- Si, más grande salía en Fantasía Negra. Salí en Morenada también, los del conventillo de Cuareim. A veces con orquestas de tango.  También toqué con Racciatti, toqué con Olimar Cáceres, con Julio Arregui. En orquestas de tango tocando los tambores.

LP- Y acá en Buenos Aires como empezaste con el tema de las comparsas?

JC- Antes de todo eso, te había dicho que había venido mi hermano con el Grupo Latino a la cancha de San Lorenzo. Y me encuentro con Alfredo Luna que era sobrino de los Rodríguez Andrade.  Entonces me lleva ahí y entro al baile. Y ese muchacho el Alfredo Luna que hoy es finado, tenía un altillo acá en Rivadavia 1525 que era un hotel que el gallego no pagaba los impuestos, no había luz, no había agua.

Todo a vela era… y había un montón de uruguayos que venían de allá disparándole a la dictadura.

LP- ¿Ese hotel era el que le llamaban el “Sheraton”?

JC- Si, a ese le llamábamos el “Sheraton”, si señor. Ahí vivian un montón de negros y ahí empezó todo el candomberío, todas las candombeadas. 

Ahí nos empezamos a juntar, estaba un primo, Carlitos Da Silva, que era primo de Rada. Trabajaba de plomero. Estaba el Shimmy Santos, Francisco Alvarez “Catunga”. Un montón de músicos. Había también una plomería en el sótano y ahí nos juntábamos. Y un día Carlitos da Silva dice: “Bo agarré para un desfile en la Avenida de Mayo con Los Amigos de la Avenida de Mayo”. “Pero no tenemos nada” le digo. “Pero vamos a juntar algo, vamos a juntar”.


Tengo que decir que se salió. Yo había hecho amistad con la familia Rivero que eran unos negros argentinos, Y ahí nos juntamos y ahí desfilamos por la Avenida de Mayo. El capo de todo eso era un tal Tatín que era el dueño de la plomería del “Sheraton” que al final se casó con una sobrina mía. Y él se juntó de socio con el primo de Ruben Rada.

Así que desfilamos por la Avenida de Mayo, pero llovía a cantaros, pero mal, eran baldazos de agua. No podíamos hablar ni respirar y los tambores todos mojados hacían pof pof… Prácticamente las murgas argentinas se volaron todas, quedamos nosotros solos.

Por eso salió en el diario “El Popular”: ¡el candombe uruguayo no afloja ni abajo del agua! En la tapa del diario con la foto de nosotros.
Bueno y ahí nos empezamos a juntar más seguido y a “hacer” tambores. Y ahí empezó todo. En ese tiempito empezó toda la movida candombera acá en Buenos Aires.
Por esos tiempos yo me vengo a vivir a Cochabamba y Balcarce, a vivir ahí.

Estaba saliendo con la murga del Hueso Ferreira y sabíamos que había mucha gente de nuestras crianzas que estaba viviendo acá y fuimos a verlos. Ahí empezó la cosa con más fuerza por San Telmo, empezamos a hacer llamadas.


Bueno, yo iba al club AROJA, Asociación de Residentes Orientales José Artigas, ahí en la Avenida Brasil. Iba a tocar los platillos con la murga del Hueso Ferreira, la murga “Por la Vuelta”, la primera de estilo uruguayo. Y estaba ahí ensayando con los platillos y vienen dos muy amigos míos, Pedrito Ferreira, el hijo de Pedro Ferreira, el gran compositor y músico uruguayo y Carlos Ariel Lasalvia, el Pichi, y me dicen, “bo, si sale la murga esta, vamo a hacer una comparsa”. Y yo tenía dos tambores. “Y tambores?” – “No sé, vamo a conseguir… en todo caso mandamos a pedir allá”. “Si sale la murga, va a salir la comparsa”.


Ya estábamos saliendo con la murga, tocábamos para las Madres de Plaza de Mayo, y justo estábamos ensayando y aparece una señora que se casaba acá con un argentino en la Iglesia de San Telmo. Pero ella quería que a la salida le tocáramos los tambores.
“Y tienen ropa ustedes” nos preguntó.

Porque nos vio tocar por la calle que dimos una vuelta manzana con unos tambores prestados que eran del esposo de María Elena Ferreira. De Guillermo el Muerto. Y dimos una vuelta manzana ahí por AROJA.

“Y tienen ropa?” - “no… salimos así”. –“Bueno yo les compro toda la ropa… y tienen modista?”

Sabíamos que estaba acá una de los Giménez. Que le hacía la ropa a la Fantasía Negra, la Nena Giménez. 

– “Bueno, averigüen cuanto les cuesta la tela, averigüen todo y yo les compro toda la ropa”. Así que le presentamos el presupuesto, bueno aquí tienen la plata, tal día a tal hora tienen que estar ahí en la Iglesia.


Así que hicimos la ropa y nos presentamos a la salida de la ceremonia. Ahí nos juntamos los de Ansina con los de Cuareim. Y nos tuvimos que acostumbrar a tocar juntos, ellos a nosotros y nosotros a ellos. Tuvimos que hermanarnos.

LP- ¿Y el toque como salía?

JC- Y salía bastante bien, bastante bien. Y bueno ahí ya teníamos la ropa, y todo eso que empezó en un tiempo corto fue tomando mucha fuerza ahí en San Telmo y empezó a venir la gente. Así empezó toda esta baraúnda que se está armando y que hoy día es imparable.

LP- ¿Y como fue la respuesta de la gente del barrio, de la policía?

JC- Yo por esos tiempos tocaba también con Alberto Castillo, sería por los años 82, 83. Ya venía la democracia. Me recuerdo un 12 de octubre, íbamos a tocar a San Telmo con otro muchacho. Íbamos con los tambores al hombro y nos agarra la policía, nos llevan a la comisaría 14.

Los milicos estaban de asado y nos prendieron fuego los tambores. Y se reían de nosotros.


Y yo he pasado bastante jodido acá por esta costumbre mía de tocar los tambores en la calle.

LP- ¿Ahora tienen la revancha?

JC- Y yo pasé con miedo, porque nos echaron de los conventillos y se dispersaron por todos lados y hoy hay candombe en España, en Suecia. Yo he estado por Colombia y he enseñado a un par también. Julio García, no sé si lo conocen, técnico de boxeo, un día llevó un par de boxeadores a Ecuador y justo estaba en el hotel y agarra un diario que estaba hablando que el candombe del Uruguay se había instalado acá en Argentina y me nombran también.

AB- Ahora que hay tantos grupos, tantos conjuntos, ¿cómo es el trato entre ustedes? Se llevan bien, hay discrepancias, ¿cómo es?

JC- Hay discrepancias, hay bastante. No sé que pasa con la gente, hay tantos argentinos que están tocando. No digo que están tocando mal, unos sí y otros no, pero están haciendo cualquiera muchos. O será que yo estoy muy viejo y soy criado prácticamente dentro de un tambor y algunos hacen cualquier cosa acá. Yo doy clases en La Rioja, doy clases en San Luis, en Córdoba, en Olavarría donde tengo comparsas preparadas y ahora me quieren llevar para el Uruguay.

LP- ¿Pero se perdió un poco la esencia con esta difusión que tiene el candombe tan enorme?

JC- Hay muchos ritmos, pero no se ofendan, tienen otro toque.

Hay algunos fugaces que hasta nos pueden ganar a la negrura para tocar, pero faltan cosas. Aparte enseñan cualquier cosa. Cuando voy a dar una clase y están tocando, yo les explico que donde yo me crie, el tambor se suda, se rompen las manos.

En aquellos tiempos eran los tambores clavados, hoy se buscan tensores, se buscan otra clase de cueros. Se ha progresado un poco el tambor, se ha progresado, con el tensionado de fierro,

Acá en Buenos Aires no se puede hacer mucho fuego para templar y eso ha sido una solución. En ese sentido se ha mejorado y se viene mejorando. Pero con la directiva que hay acá yo no estoy muy de acuerdo, pero tengo que salir porque sino se me desarma la comparsa.

Los muchachos quieren salir si o sí, me hostigan. Ahora estamos en ese dilema porque se viene el desfile de las llamadas de “Lindo Quilombo”. Pero no tienen comparsas, se juntan dos o tres y quieren salir, pero considero que se le debe dar espacio a los que tienen comparsas armadas, los que están luchando día y noche. Nosotros el otro día armamos una llamada acá en la Boca, por la calle Lamadrid. Llevamos a veinte y pico de comparsas. ¡Fue enorme!


Les agradezco muchísimo a los que vinieron, la gente quedó muy contenta, pero me hicieron un acta los milicos. Mal, así que estoy esperando que me citen. Los papeles estaban hechos, pero me faltaba otro papel más. Y acá hay que poner y yo no sabía: un seguro por si hay algún problema, la ambulancia, baños químicos… ¡y no tenemos plata! Apenas si tenemos plata para vestirnos y los tambores.

LP- En tanto la ciudad de Buenos Aires lo promueve el candombe, le interesa porque es un hecho turístico.

JC- Acá viene turismo, porque estamos en “Caminito” que es una parte muy turística. No es por nada, pero acá “África Ruge”, mi comparsa, trae turismo. Más te digo, hace unos años atrás la legislatura me habló, cuando empezábamos con la comparsa, para un acto que hacían en Avenida de Mayo y nos daban un montón de plata, eh, pero teníamos que ir con carteles de politiquería y despreciamos, no, no vamos nada.

No estoy acostumbrado a tocar en actos políticos, ni en el Uruguay. No me da que el candombe se meta en actos políticos.

LP- Acá, vos y otros más han traído el candombe y se ha convertido en una manifestación cultural impresionante.

JC- Pero esto ha sido todo a pulmón, manga, rifa, todo así. Acá se sale a tocar por “Caminito” y se juntan unos pesos. Hoy por un parche para tambor nos están pidiendo de tres a cuatro mil pesos. Está jodida la mano, nos cuesta.

LP- Bueno, nosotros te queremos manifestar nuestras felicitaciones, ustedes han traído el candombe y hoy es la mayor manifestación cultural de los uruguayos acá en Buenos Aires y vos fuiste uno de los que iniciaron toda esta gran movida donde prácticamente no hay una plaza en la ciudad que no se encuentre gente los fines de semana tocando el tambor.

JC- Muchas gracias, gracias a todos ustedes que siempre nos están ayudando.

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