09 de Julio del 2026
Victoria Camboni
Entrevista a Graciela Possamay
A 42 años del “ayuno por amnistía total e irrestricta”
Graciela Possamay, al finalizar el ayuno, el 18 de julio de 1984. Gentileza: Graciela Possamay
Graciela Possamay, al finalizar el ayuno, el 18 de julio de 1984. Gentileza: Graciela Possamay

El 9 de julio de 1984, un grupo de 21 personas integrantes de organizaciones sociales, sindicatos y partidos políticos, realizaron un ayuno para reclamar a las autoridades una “amnistía total e irrestricta” para todas las y los presos políticos. 42 años después, la comunicadora y exdirigente de APU, Graciela Possamay, recordó la instancia como “la experiencia más sublime jamás vivida”.

Graciela Possamay ha sido una figura referente y relevante en la historia de los medios de comunicación en Uruguay. Una mujer de amplia experiencia, que comenzó a trabajar en locución con apenas 16 años. Fue fundadora de Radio Nacional, creadora del sindicato de trabajadores de la prensa en Canal 12, y dirigente de APU a través de la Asociación de Empleados de Radiotelefonía (ADER).

En entrevista exclusiva con APU.uy, relató cómo vivió aquellos días en que tomó la determinación, junto a un grupo de personas comprometidas, de realizar un ayuno para reclamar la liberación total de todas y todos los presos políticos a la salida de la dictadura.

“Hoy se cumplen 42 años de aquel ‘ayuno por amnistía total e irrestricta’ que hicimos en la iglesia de los Conventuales. Éramos 21 personas integrantes de varias organizaciones (familiares de desaparecidos, de presos políticos, de exiliados, integrantes del PIT-CNT, una representante del Partido Nacional y otros compañeros afines con la causa; yo lo integraba porque tenía preso a mi hermano y exiliada a mi hermana) y lo recuerdo ahora como la experiencia más sublime jamás vivida. No sé si contribuyó en algo a lo que se perseguía, pero todos lo hicimos de corazón y con plena conciencia de lo que hacíamos.

Fueron nueve días de ayuno vigilados por médicos que nos iban a ver, y personas de enfermería que nos atendían dándonos por día sólo agua y un poco de azúcar. A mediodía y por la tardecita, nos asomábamos a unas ventanas, y saludábamos a las personas que se amontonaban en la calle y las veredas para darnos ánimo y apoyarnos.

El día que salimos lo hicimos en un ómnibus que nos llevó por 18 de Julio desde Minas hasta la Plaza Libertad, invadiendo la avenida. Allí cantamos el himno y saludamos a todos los que pudimos. Luego, volvimos cada uno a lo suyo, pero con aquello que vivimos en el recuerdo, en la piel, en los ojos, en la historia nuestra, y hoy se me ocurrió recordarlo. 

Todavía estoy viva para contarlo. Todavía seguimos creyendo que pusimos nuestro granito de arena para aquella causa.

Fueron nueve días inolvidables para nosotros”.

Participantes del ayuno en la Iglesia de los Conventuales, julio de 1984. Gentileza: Graciela Possamay

Aquella huelga de hambre fue un acto de resistencia frente a la crudeza y violencia que llevaba adelante el Estado de facto, que mantenía presas y presos en condiciones inhumanas, y que estaba aún dando sus últimos “manotazos de ahogado”, poco antes de que se instalara nuevamente la democracia en el país.

Graciela Possamay integraba la organización Madres y Familiares de Procesados por la Justicia Militar, porque su hermano José Possamay fue preso político y estuvo recluido desde 1972 hasta 1985 en el Penal de Libertad, y también formaba parte de Familiares de Exiliados, debido a que su hermana, la periodista Luciana Possamay, estuvo 12 años exiliada en México.

“El ayuno surgió dentro de ese grupo de familiares de presos y exiliados, cuando una compañera -que era esposa de un preso, con la que nos veíamos en el Penal- me vino a hablar de la posibilidad de hacer un ayuno. Le dije, 'yo voy', y me dijo, 'pero mirá que van a ser como nueve días'". Possamay estuvo de acuerdo y organizaron la huelga de hambre en la iglesia de los Conventuales, en la calle Canelones esquina Minas.

Un documento publicado en la página de Sitios de memoria -un volante repartido días antes del 9 de julio de 1984-, anunciaba que entre ese día y el 18 de julio, un grupo de 21 personas realizaría un ayuno, continuando la iniciativa de Adolfo Wasem, que el 30 de junio de ese año y estando internado en el Hospital Militar en condiciones graves de salud, comenzó una huelga de hambre para reclamar la libertad para sus compañeros presos y el retorno de los exiliados.

El ayuno que se llevaría adelante por “amnistía general, irrestricta e inmediata”, comprendía la “libertad para todos los presos políticos y sindicales, regreso de todos los exiliados, aparición con vida de los desaparecidos, restitución de todos los despedidos por razones políticas y sindicales, levantamiento de todas las proscripciones de hombres (y mujeres, ndr) y partidos, cese de las libertades vigiladas, pleno reconocimiento y vigencia de la Declaración Universal de Derechos Humanos, libertad de prensa, derogación de toda la legislación represiva y desmantelamiento del aparato represivo”.

Las agrupaciones que organizaron este ayuno fueron Madres y familiares de procesados por la justicia militar; Madres y familiares de uruguayos desaparecidos en Uruguay, Argentina y Paraguay; Familiares de exiliados; Plenario Intersindical de Trabajadores (CNT); Asociación social y cultural de estudiantes de la enseñanza pública; Federación unificada de cooperativas de vivienda por ayuda mutua (FUCVAM); Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ); Coordinadora de trabajadores del arte; Comisión de mujeres uruguayas; Secretariado de justicia, paz y ddhh; Comisión paz y bien por los ddhh; Partido Nacional; Frente Amplio, y Partido socialista de los trabajadores.

“Hicimos el ayuno en Los Conventuales; nos prestaron un salón, dormíamos en unas colchonetas en el piso. Los hombres en un cuarto y nosotros en otro, enorme. Salíamos a la ventana” en dos horarios, “a las 12 y a las 19”, para “saludar a la gente que se amontonaba en la calle Canelones”, afuera del recinto. Allí “estuvimos nueve días”.

La comunicadora recordó los cuidados que tuvieron para sostener tantos días sin ingerir alimentos. Según relató, “nos daban un poquito de azúcar” para mantenerse, y luego, en el día “venían los médicos a revisarnos, nos daban como un litro de agua, y teníamos que juntar la orina para que ellos la revisaran”. Pasados algunos días, comenzó con dolores de cabeza, y los médicos “no me querían dar aspirina porque no tenía nada en el estómago”.

Lo que recuerda con mucha emoción fue “el último día” que mantuvieron la medida. Ese día, “vinieron las enfermeras y nos dijeron que íbamos a salir en un ómnibus hasta la Plaza Libertad, y que antes de salir íbamos a tomar un caldo porque no podíamos irnos con el estómago tan vacío. Ese caldo lo tomamos las 21 personas juntos, alrededor de una mesa”.

“Yo te juro, hablo de eso y me emociono mucho”.

El ayuno fue llevado adelante por Víctor Gándaro, Alfredo Abelando, Cleia Fernández, María del Carmen Almeida (Tota Quinteros), Álvaro Celiberti, Andrés Bado, Jorge Rodríguez, Gerardo Rodríguez, Alejandro Gómez, Juan Carlos Asencio, Juan Francisco Acosta, Ángel Dangiolillo, José Carlos Pérez, Jorge Cedrés, Alfredo Oliú, Laura Viana, Juan Artagaveytía, María Josefina Plá, Luis Ernesto Bentancor, Inés Vidal y Graciela Possamay.

“El Partido Colorado no se presentó”, señaló. A pesar de esto, Possamay destacó que “en ese momento no había bandera política. Éramos todos uno por lo mismo, para terminar con la dictadura”.

Gentileza: Graciela Possamay Participantes del ayuno en la Iglesia de los Conventuales, julio de 1984. Gentileza: Graciela Possamay Participantes del ayuno en la Iglesia de los Conventuales, julio de 1984. Gentileza: Graciela Possamay