12 de Septiembre del 2022
Roberto Saban
Frenteamplismo uruguayo en la Argentina
Silvina Merenson y la diáspora progresista
Silvina Merenson
Silvina Merenson
Foto de Roberto Saban

La Doctora Silvina Merenson, investigadora del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Argentina) es profesora de la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín y presentará su libro ¨Frenteamplismo uruguayo en Argentina. Trayectorias, redes y desplazamientos transnacionales¨ en las XIX Jornadas de Investigación Científica de Ciencias Sociales de la UDELAR entre el 4 y 6 de octubre. 

Roberto Saban: Viajaste a Montevideo por primera vez en tu vida en el 2003. ¿Cuéntale a los lectores del Portal APU.uy de ese primer viaje que hiciste al Uruguay?

Silvina Merenson: Así es, llegué a Montevideo invitada por algunas de las ex presas políticas que en ese momento integraban el Colectivo “Memorias para Armar” y que conocí en La Plata, durante una actividad organizada por la Comisión Provincial por la Memoria.

Yo había escrito mi tesis de maestría en Antropología Social sobre las memorias de las ex presas políticas que durante la dictadura argentina habían estado detenidas en el penal de Villa Devoto. Fue un encuentro de esos que no se olvidan y del que perduran amistades entrañables. Me invitaron entonces a Montevideo, ese año se cumplían 30 años del Golpe de Estado, estaban organizando varias actividades y bueno, me propusieron sumarme.

Fue un viaje fundacional, no solo porque llegaba por primera vez a Montevideo, también porque fue mi primer viaje en el sentido etnográfico, crucé fronteras territoriales, compartí esos días con mis interlocutoras e interlocutores, hice lo que llamamos “observación participante”… Tanta que me fui de Montevideo sin conocer prácticamente la ciudad. Pasé la mayor parte del tiempo en el “Mercado de la Abundancia”, ayudando a construir un celdario con los libros que CrySol acaba de recuperar de lo que era la biblioteca en el Penal de Libertad.

Elbio Ferrario,  había diseñado una instalación, había hecho unos planos increíbles para reproducir el celdario, y yo me sumé al grupo de ex presos políticos que se ocupó de poner libro sobre libro, fijándolos entre tablones ajustados con alambres. Fue un trabajo de horas y horas, “trabajo de preso” decían los compañeros, en las que conversamos y nos emocionamos muchísimo.

Ese viaje terminó siendo el primero de muchísimos viajes al Uruguay desde entonces hasta hoy. Meses después ya estaba en Bella Unión, empezando el trabajo de campo para mi tesis doctoral.  

RS:.El centro de tu investigación antropológico/histórico durante muchos años fueron los uruguayos en la Argentina y en especial los frenteamplistas. Antes de entrar en tema. ¿Qué otras comunidades políticas residentes en la Argentina tienen actividad militante organizada?

SM: Antes lo estuvieron otras fuerzas políticas, en buena medida como resultado de los exilios latinoamericanos, pero actual y mucho más recientemente, se organizó en la Argentina el MAS boliviano y el PT brasileño. 

RS: ¿Hay o hubo en Argentina otros partidos políticos uruguayos organizados fuera del Frente Amplio?

SM: Sí, claro. Los dos partidos tradicionales tuvieron sus sedes y grupos de debate sumamente activos en los años de la transición. El Partido Nacional supo tener su local en el barrio porteño de Belgrano, el “Club Oriental”; el Parido Colorado en el barrio de Palermo. Fueron experiencias más acotadas que la desarrollada por el Frente Amplio, que en las últimas décadas se han activado puntualmente en las coyunturas electorales.     

RS: Hacer política de un país, viviendo en otro, ¿cómo se sostiene esto en el tiempo con los uruguayos militantes y adherentes al Frente Amplio?

SM: No hay una única respuesta a esta pregunta, depende mucho del periodo del que estemos hablando. La actuación del Frente Amplio en Argentina se institucionaliza a principios de los años 1980. Desde entonces el FA en Argentina está activo y ha pasado por tantos cambios como los que ha pasado la coalición en Uruguay.

¿Cómo se sostiene en el tiempo? Bueno, en principio diría que con mucho trabajo y mucho compromiso de su militancia; también con su inmersión en la vida política, sindical y cultural de la Argentina, país en el que residen.

Por lo general se suele suponer que las y los migrantes que eligen sostener sus militancias en su país de origen viven “de cara” a ese país y que lo hacen como parte de una suerte de nostalgia, como si eso fuese parte de una “burbuja” artificial.

Pero lo que pude comprender a partir de mi investigación es que es todo lo contrario. En buena medida el sostén en el tiempo, las décadas de actividad que lleva el FA en Argentina, es el resultado de los vínculos y las redes que supieron construir con el peronismo, el radicalismo, el socialismo, el comunismo, el sindicalismo y las más diversas organizaciones sociales locales.

Esa trama cooperativa, solidaria, que aporta claves deliberativas, estilos de “hacer política”, etc, etc. fue y es fundamental a la hora de explicar la densidad de la experiencia frenteamplista en Argentina.  No es la única explicación, desde ya también es importante el diálogo con la coalición en el Uruguay y las pujas derivadas de ello en cada sector, pero lo que mencionaba no es menor.

 RS: ¿Para tu investigación sobre el Frente Amplio en la Argentina, cuanta gente entrevistaste y a lo largo de cuánto tiempo?

SM: Confeccioné creo que más de 30 historias de vida entre 2010 y 2019. No estoy segura, ¡tendría que volver a contarlas! Pero las entrevistas no fueron –para decir una palabra que no me gusta- el único “insumo” de la investigación.

Dependiendo para qué, una conversación informal en una tarde compartida en un Comité de Base en Buenos aires o Avellaneda, un acto de campaña en una sede sindical porteña, una reunión, un acto en la Embajada o el Consulado, un asado, podía resultar mucho más revelador, por decirlo de algún modo, que lo conversado en el transcurso de una entrevista en su sentido más formal. Quiero decir, el trabajo de campo no solo se compuso de entrevistas, también emplee otras técnicas de investigación; y otras fuentes documentales.  

RS Acompañaste a los que viajaron a votar varias veces. Contanos de esa experiencia desde la visión académica y desde la visión de una mujer argentina apasionada por la política.

SM: Claro, eso te decía. No fueron solo entrevistas, el acompañamiento de esos viajes a los que en el libro me refiero como “desplazamientos electorales”, fue parte de la observación participante. Justamente, por haberlos acompañado desde el 2004, pude entender que el “viaje a votar” para el frenteamplismo en Argentina, al menos, es en realidad parte de un proceso mucho más complejo, que comienza mucho tiempo antes, y que supone el desplazamiento de recursos, ideas, personas y, desde ya, votos.

Las formas en que estos desplazamientos se fueron concretando desde 1984 ante cada elección presidencial fueron cambiando en virtud de distintas cuestiones: los recursos materiales disponibles, la capacidad organizativa del FA en Argentina, el lugar que la campaña electoral del FA dio a su electorado radicado acá, la diferencia cambiaria, las relaciones bilaterales, las coberturas de los medios de comunicación. En fin, varias cuestiones que hacen a este ritual sostenido por el frenteamplismo en Argentina.

¿Cómo lo viví en términos más personales? Creo que como se vive un ritual, que por definición busca movilizar emociones y reforzar un lazo social, cívico y político, que en este caso resulta magnificado, ¿no?  Porque para muchas y muchos votantes transnacionales implica renovar y reactualizar todo eso con un país en el que no residen desde hace décadas. La expectativa, la ansiedad, la alegría y la emoción del reencuentro con los afectos, también el cansancio acumulado de la campaña y alguna que otra bronca por ella, son todos sentimientos asociados a estos viajes colectivos, voluntarios y cíclicos sobre los que se sabe cómo empiezan, pero nunca se sabe del todo cómo terminan.

El barco o el ómnibus de ida no siempre es igual de la vuelta. Recuerdo esos momentos del trabajo de campo con suma intensidad y mucha admiración también.

Guardo recuerdos sumamente conmovedores, particularmente de aquellas personas que hacían un enorme esfuerzo para poder viajar, pasaban meses ahorrando plata, buscaban el modo de compensar días de trabajo o se tomaban días de sus vacaciones.

Creo que, para cualquier persona apasionada por la política, como decís vos, la voluntad es conmovedora. Haber sido testigo de ello es una de las experiencias más lindas que tuve haciendo la investigación para este libro. 

RS: Los partidos tradicionales en el Uruguay han bloqueado el derecho de los uruguayos a votar en el exterior por temor a que esa masa de votantes pueda volcar el resultado a la izquierda. ¿Qué opinas?

SM: Eso es algo bastante difícil de entender, desde mi modesto punto de vista, por distintas razones. Me parece un argumento equivocado que, en su equivocación, paradójicamente beneficia a la izquierda.

Entiendo que esa representación hiciese sentido años atrás en virtud del componente político del exilio uruguayo, pero han pasado más de 4 décadas en las que la emigración uruguaya se ha vuelto sumamente heterogénea en términos de afinidades ideológicas. Hace unos años, en 2016, hice un pequeño trabajo de campo en dos ciudades pequeñas en New Jersey, en Estados Unidos. En ambas se concentran buena parte de las y los migrantes uruguayos que partieron del país tras la crisis de 2002. De todos los que pude entrevistar ninguno, de poder votar, lo hubiese hecho por el Frente Amplio.

Está estudiado cómo las culturas políticas de los países de destino impregnan las opciones políticas de los migrantes en sus países de origen.

En el caso que te comento, se trata de personas que de ningún modo se tomarían un avión para ir a votar al Uruguay, pero probablemente sí se acerquen al consulado de New York o envíen su voto por una plataforma digital.

Pero no es solamente una cuestión de distancia, vale para la Argentina también. Las historias y tradiciones políticas de los dos partidos tradicionales son diferentes a la de la izquierda uruguaya. Sus electorados en el exterior nos están tan fuertemente movilizados por valores sacrificiales, pero creo que se harían eco de una convocatoria a la participación electoral si esa opción existiese y el costo (en tiempo, dinero, etc.) no fuese elevado. Al menos para el caso de la Argentina, que es el que conozco, es este estado de las cosas el que beneficia que la balanza se incline, aparentemente, hacia el FA.

Esto me lleva a otra hipótesis. Yo no creo que la dirigencia de los dos partidos tradicionales no esté al tanto o desconozcan esto que estoy diciendo. Creo que lo saben y que las razones para negarse a debatir el voto extraterritorial son otras, no es un cálculo electoral, me parece que tiene que ver con cómo piensan e imaginan que se compone la comunidad política: ¿quién tiene derecho a decir? Creo que en el fondo lo que está en juego es eso. La idea de comunidad política que defienden el PN y el PC traza límites mucho más ceñidos que aquella que postula el FA. y esto no es producto, o al menos no solamente, de un debate abstracto en términos teóricos sobre quienes integran la comunidad política y tal, creo que también es producto de la interpretación de una lectura social que excede en mucho a las preferencias de ambos partidos.

En 2009, cuando se realizó el plebiscito, más del 60% de las y los uruguayos votó en contra. Y ese porcentaje no se explica por cálculos electorales sobre quien nos gobernaría en caso de implementar el voto desde el exterior… tiene que ver con otra cosa, tal vez con una asociación equivocada entre “ciudadanía” y “territorio”. Pero bueno, eso ya es otra cuestión.

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Silvina Merenson hizo su carrera de grado en historia, en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Es Magister en Antropología Social por el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) y el Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y Doctora en Ciencias Sociales por el IDES/Universidad Nacional de Gral. Sarmiento. Es Investigadora del CONICET y profesora ordinaria de la Escuela IDAES/UNSAM, en donde co-dirige el Centro de Estudios Antropológicos (CEA). Ha publicado numerosos artículos en revistas nacionales y extranjeras sobre cultura política, prácticas políticas transnacionales, nación e historia del pasado reciente en Argentina y Uruguay. Entre sus libros se cuentan: “Hasta el silencio en tus labios. Memorias de las ex presas políticas del Penal de Villa Devoto en el transcurso de la última dictadura militar en la Argentina” (Al Margen, 2014), “Los peludos. Cultura, política y nación en los márgenes del Uruguay” (Gorla, 2016) y “Frenteamplismo uruguayo en Argentina. Trayectorias, redes y desplazamientos transnacionales” (Pomaire – Gorla, 2021).

  

 

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