07 de Julio del 2021
Sala de Redacción
Magnicidio en Haití
Panorama incierto ante el asesinato del presidente haitiano Jovenel Moïse
Jovenel Moïse
Foto: Flickr.com

El miércoles 7 de julio fue asesinado el presidente de Haití, Jovenel Moïse, y su esposa Martine Moïse. Se trata de un país sumergido, desde hace décadas, en una crisis política y económica que tiene como consecuencia elevados índices de inseguridad, de violencia y, consecuentemente, de protestas sociales.

La corrupción ha sido una de las características del gobierno del presidente Moise. El acuerdo de cooperación energética Petrocaribe fue denunciado por distintos actores de la sociedad haitiana, ya que el destino de los fondos provenientes de dicho acuerdo nunca fue esclarecido. Por otra parte el Tribunal Superior de Cuentas de esa nación informó oportunamente al Parlamento que un grupo de empresas de Moïse y de su antecesor y mentor político, Michel Martelly, se habrían visto beneficiadas con fondos millonarios.


Distintos líderes políticos del mundo lamentaron el asesinato perpetrado por un grupo que irrumpió en la residencia presidencial. Poco después el primer ministro interino, Claude Joseph, declaró el estado de sitio en todo el país y llamó a la calma en la población. Joseph asumió el ejercicio del Poder Ejecutivo hasta las próximas elecciones, al amparo de la Constitución haitiana que prevé que en caso de vacante de la Presidencia  "ya sea por renuncia, destitución, muerte o por incapacidad física o mental permanente", el Consejo de Ministros, bajo la presidencia del Primer Ministro ejercerá la conducción del país.

Moise llegó a ocupar la presidencia en el año 2017 luego de unas elecciones muy cuestionadas en las que participó poco más de un 21% del padrón electoral, en un país de más de 11 millones de personas. Al año siguiente tomó la decisión de eliminar el subsidio a los combustibles, siguiendo las directivas del Fondo Monetario Internacional (FMI), lo que generó una ola de protestas.
Las mismas continuaron al año siguiente por el descontento de buena parte de la población azotada por el incremento de los precios de los productos esenciales, la inflación y la devaluación del gourde (gorda) la moneda de ese país.

El inicio de la pandemia no hizo más que empeorar la situación económica y social. Rápidamente se incrementó la inseguridad protagonizada por bandas que realizaban asaltos y secuestros, principalmente en la capital, Puerto Príncipe.

Paralelamente la sociedad le reclamaba a Moïse que había llegado el fin de su mandato, pero el mandatario desconoció esas protestas e incluso ignoró las elecciones legislativas del 2019.

 

"Todo lo que ha pasado en Haití en las últimas décadas se debe a las políticas que EE.UU. practicó en ese país, considerado clave porque muy cerca está Cuba con su revolución”, A. Rabilotta


Se llegó así a este momento con el país inmerso en una agudización sin fin de la crisis con índices de violencia que van en aumento producto de las bandas que se disputan el control de los barrios más pobres de la capital. Las Naciones Unidas, a través de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), estima que casi 6 mil personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares en la capital haitiana por el accionar de esos grupos criminales.

El periodista argentino-canadiense Alberto Rabilotta, opinó que lo único que cabe esperar es que la situación se torne aún más complicada y agregó que "todo lo que ha pasado en Haití en las últimas décadas se debe a las políticas que EE.UU. practicó en ese país, considerado clave porque muy cerca está Cuba con su revolución”.
En ese sentido recordó el accionar de otros presidentes de Haití: Jean Bertrand Aristide y  François 'Papa Doc' Duvalier, y luego el mandato de su hijo Jean-Claude Duvalier (Baby Doc). El perído de “Papa Doc” se recuerda por el implacable accionar de la policía secreta, conocida como los “Tontons Macoutes”, grupos paramilitares que habrían asesinado y desparecido a más de 150 mil personas.

Para Rabilotta el desarrollo de Haití también se ha visto obstaculizado porque Francia ha exigido, desde 1805, el pago de una cuota anual en compensación por otorgar la independencia.
Con esta realidad parecería que el futuro de Haití depende más de las fuerzas externas que de las pulsiones internas.