04 de Junio del 2026
Nancy Banchero
Psicóloga Gracy Gómez
“Los jóvenes creen que las apuestas son una forma rápida de ganar dinero”
Psicologa Gracy Gómez, especialista en ludopatía
Psicologa Gracy Gómez, especialista en ludopatía
Foto aportada por la entrevistada

Las apuestas por dinero parecen no tener límites. Existen las que funcionan en locales habilitados, los juegos clandestinos y también quienes apuestan desde la cama, para eso solo necesitan un celular, y no hay edad.

Sobre la repercusión en adolescentes y jóvenes el Portal APU.Uy dialogó con la psicóloga Gracy Gómez, Coordinadora del Programa de Prevención y Tratamiento del Juego Patológico de la Facultad de Medicina. La profesional, advirtió sobre el aumento de las apuestas online entre adolescentes y jóvenes, una problemática que se profundiza con el acceso a plataformas digitales y la facilidad para utilizar documentos o tarjetas de adultos.

“Primero fue el casino -el paño-, después las maquinitas y ahora están los juegos online. Los chiquilines utilizan el documento de un adulto y juegan”, señaló la profesional de larga trayectoria en el tema.

Como ejemplo, recordó el caso de un adolescente argentino de 16 años que comenzó apostando, ganó dinero al principio y luego terminó atrapado en una espiral de pérdidas y endeudamiento. “Le ofrecieron préstamos y la deuda llegó a 200 mil dólares. Cuando quisieron cobrar, no lo pudieron hacer, empezaron a amenazarlo diciéndole que sabían dónde vivía y quiénes eran sus padres. El muchacho se asustó, habló con la familia y tuvo que intervenir la Policía”, relató.

La especialista sostuvo que, en la mayoría de los casos, las familias son las últimas en enterarse de la situación. Explicó que muchas veces el problema sale a la luz cuando aparecen deudas inesperadas en las tarjetas, deudas vinculadas a plataformas de apuestas, esas deudas son generadas por sus hijos que les utilizaron la tarjeta.

“Con Supermatch pasa mucho. Los padres llaman pensando que hubo un error porque aparece una deuda de la banca y ahí descubren que fue el hijo quien realizaba apuestas”, afirmó.

Gómez definió la ludopatía como “una adicción igual que cualquier otra”, aunque aclaró que actualmente existen diferencias entre los jugadores tradicionales y los más jóvenes. “Los jóvenes juegan buscando dinero rápido. Quieren alcanzar lo que las redes sociales les muestran. En charlas con adolescentes, cuando se les dice que la banca siempre gana, responden que no, porque creen que apostar es una forma de obtener dinero”, explicó.

La psicóloga alertó además sobre los efectos neurológicos del juego compulsivo y aseguró que estudios científicos demostraron similitudes con el consumo de drogas. “Desde la neurociencia se habla de una dificultad para percibir el riesgo. Cuando la persona entra en abstinencia, el juego actúa como una sustancia. Investigaciones en Estados Unidos demostraron que el efecto del juego en el cuerpo es prácticamente idéntico al consumo de cocaína”, remarcó.

Consultada sobre cómo detectar el problema en adolescentes, Gómez pidió a las familias mantener una vigilancia activa y prestar atención a cambios de conducta. “Los adolescentes son muy hábiles y muchas veces los padres, por las preocupaciones cotidianas, no logran percibir el problema. Hay señales como el manejo de dinero, compras inexplicables o pasar demasiado tiempo encerrados en el cuarto”, indicó.

También advirtió sobre la creciente adicción a los videojuegos online, incluso cuando no implican apuestas económicas. “Hay juegos donde no ganan dinero, pero igual generan una adicción muy fuerte”, sostuvo.

La especialista consideró necesario impulsar campañas de sensibilización similares a las realizadas contra el tabaquismo. “No se puede prohibir. La experiencia de la ley seca demostró que eso no funciona. Lo que sí se puede hacer es trabajar en la prevención y concientización”, concluyó.

Testimonio: el ludópata “manipula, miente y endeuda a la familia para seguir jugando”

En diálogo con Portal APU.Uy, un familiar –a quien mucho agradecemos su confianza- relató el impacto devastador que provoca esta enfermedad dentro de su grupo familiar. Su identidad se mantiene en reserva para proteger al ser querido que padece  ludopatía.

“Es una adicción compleja. Puede empezar con jugadas de póquer, truco, maquinitas o apuestas por celular, siempre con dinero de por medio. Socialmente está más aceptada que otras adicciones, y el ludópata muchas veces no tiene conciencia de que realmente está enfermo”, expresó.

Según el testimonio, el juego genera alteraciones similares a las de otras adicciones. “El juego produce en el cerebro algo parecido a lo que generan sustancias como la marihuana, la cocaína o el alcohol, es lo que nos indicaron los profesionales".

La situación repercute directamente en el entorno familiar. La falta de dinero, las mentiras constantes y las deudas terminan deteriorando vínculos y generando angustia. “Empieza a faltar dinero, pide prestado, vende cosas, manipula a quienes lo rodeamos y endeuda a familiares. Hace todo por la necesidad de jugar y de saciar un vacío, me parece”.

El familiar reconoció la dificultad para entender que detrás de determinadas conductas existe una adicción. “A veces nos enojamos con él. Pensamos que actúa así porque es malo o porque no tiene valores o no nos quiere, pero en realidad es un enfermo y muchas veces nos olvidamos de eso”, afirmó.

La persona entrevistada, del departamento de Colonia, considera que detrás del juego compulsivo existe una angustia profunda que su familiar no logra canalizar. “No sé por qué juega. Tal vez tiene la ilusión de ganar algo o de llenar un vacío. Pienso que siente una angustia que no sabe manejar”, señaló.

En este caso, la conducta adictiva comenzó durante la adolescencia como una práctica recreativa que, con el tiempo derivó en una dependencia, que hoy siendo prácticamente adulto no domina. “No sabemos cuánto juega, porque ahora todo puede hacerse por teléfono. Además, el ludópata no cuenta las veces que pierde, sino las que gana. Se miente a sí mismo. Vive en negación”, explicó.

El testimonio también dejó una reflexión dirigida a las familias que atraviesan situaciones similares. La recomendación principal es prestar atención a cambios de conducta y mantener el diálogo. “Tenemos que expresar cómo estamos y saber qué lugares frecuenta nuestro ser querido, no desde el autoritarismo sino desde el compartir. Cuando alguien empieza a mentir, tiene actitudes sospechosas, come mucho o deja de comer, duerme demasiado o muy poco, o la falta dinero en la casa, es una gran alerta”.