Hace exactamente un año veía la luz este Portal con las humildes y esperanzadoras pretensiones que conlleva todo nacimiento. Como el potrillo que intenta ponerse de pie, como el pájaro que se asoma más allá del nido, como el iniciático y casi desapercibido hilo de agua que pretende convertirse en río, así comenzó a andar este medio.
En nuestra primera nota de presentación, saludo e invitación, compartíamos un fragmento del código de ética de la Asociación de la Prensa Uruguaya donde se afirma que “una ciudadanía bien informada es una ciudadanía que decide por sí misma”. Y luego, tal vez para ser tenido en cuenta al estilo de un “juramento hipocrático”, afirma que “el primer compromiso del periodista es con la verdad y su deber de transmitirla a la ciudadanía”.
Mantenemos (cómo no hacerlo), los mismos compromisos, pero renovados y ampliados en la medida que la vida es dinámica y nos impone siempre nuevos desafíos.
Nos comprometíamos también a mantener un estándar de calidad con rigor profesional y eso ha sido posible gracias a las y los comunicadoras y comunicadores, bisoños en algunos casos, avezados en otros, que con profunda humildad y compromiso se volcaron a esta tarea que tiene mucho de quijotesca, pero también de la sabiduría pragmática de Sancho.
Agradecemos a las personas y organizaciones sociales que han encontrado en este Portal APU.uy un espacio para reflejar sus realidades y poder difundirlas a diferentes latitudes. Ese agradecimiento trataremos de traducirlo en mayor compromiso, mayor rigor profesional y en una mayor amplitud de temáticas y enfoques.
A modo de reflexión nos pareció oportuno recurrir al prólogo del libro “Agresión desde el Espacio - Cultura y napalm en la era de los Satélites” (1972) en el que su autor, Armand Mattelart* afirmaba: “… que no se nos haga el reproche de elegir el punto de vista particular de la comunicación para desbrozar una estructura de poder. Toda estructura de poder es total y es precisamente esa totalidad la que demuestra la intimidad entre la infraestructura económica y los factores superestructurales. Una prueba más que la comunicación no es sino un problema político”.


