Con la comida que queda corta, unos durmiendo en el suelo porque no alcanzan las cuchetas, cuidándose de los puntazos de “algún loco”, esperando que la familia le lleve “un gasto”, pasan las horas los reclusos en Piedra de los Indios, una cárcel que “se vuelca de gente”.
Históricamente la señalaban como una cárcel “modelo a seguir” hasta que apareció Punta de Rieles (Montevideo) y se robó la distinción de “cárcel modelo”.
Piedra de los Indios tiene capacidad para un máximo de 130 personas, en la actualidad hay 220 reclusos, de los cuales 17 son mujeres.
Testimonios
Se podría decir que el centro de privados de libertad de Colonia, “es el mejor entre los jodidos”, porque “bravo es estar en el Comcar”, dijo un ex preso entre las varias conversaciones que mantuvo el portal Apu.uy con reclusos, familiares y jóvenes que han salido de la cárcel departamental, que tomó el nombre de la zona: “Piedra de los Indios”
Durante el día la cárcel se descomprime, tienen clases de primaria, de secundaria, braille, el tambo, la huerta, la panadería, la gente se reparte dentro y fuera de los muros.
Lo peor pasa a la noche cuando se tienen que ubicar para dormir. “En mi pabellón las cuchetas son de tres camas”, los nuevos que van llegando –si no son ‘viejos’- “nos acomodamos en el piso, algunos colchones son finitos así”. “Dormimos como perros”.
Características de la población carcelaria
La mayoría o inmensa mayoría son adolescentes y jóvenes, algunos entraron a los 18 años, están libres un tiempito y vuelven a caer presos. “Yo caí porque robé, robé, pero estos gurises caen porque afanaron una olla, para comprar droga, como reinciden terminan aquí, en la cárcel”.
El encierro, el moverse tantos en espacios que les quedan chicos, los minutos y las horas, que en las noches se hacen largos, crispan los ánimos. “El viernes 23 de junio le pegaron un puntazo al hermano de un amigo mío. La madre lo fue a ver y dice que está bien”.
Alimentos desde fuera de los muros
No falta el alimento, aunque “es corta la comida”, por eso además de yerba y tabaco o cigarrillos, los familiares les llevan o mandan fideos, pulpa de tomates, aceite, azúcar. En ocasiones, las familias que están afuera tienen tantas dificultades económicas como quienes tienen “adentro”, pero a ellos hay que mandarles lo que se puede porque “están peor”, sostienen.
“Necesitan programas de rehabilitación”
El colectivo Familias por Vida (Carmelo) sostiene que “la gran mayoría de los privados de libertad de Colonia, como en el resto de las cárceles del país, son chicos que robaron para poder comprar cocaína, pasta base. Delinquen, salen y vuelven a caer”.
Señalaron que “el hacinamiento no es remedio para nadie. Imagínense un hospital con 30 camas y 45 enfermos, ¿Qué hacen? ¿Cómo es la atención? ¿Cuántos salen curados? Eso pasa en la cárcel. Esos chicos no tendrían que estar ahí sino en un centro que los rehabilite también de las drogas o tener ahí ese tratamiento contra el consumo. Como colectivo hemos presentado proyectos de rehabilitación y todavía no nos han contestado”
Las distancias
La cárcel departamental, desbordada de reclusos, está campo adentro a unos 3 kilómetros de la Ruta 21 y a unos 11 kilómetros de Colonia del Sacramento. Los familiares y amigos que tienen vehículo llegan con comodidad al lugar, los otros tienen que bajarse del ómnibus en la Ruta 21 y de ahí caminar hasta la unidad penitenciaria, y hacer igual recorrido hasta “la carretera” para tomar otra vez ómnibus.


