Al mundialmente conocido “Camino de Santiago de Compostela”, hay quienes lo hacen con un sentido religioso y otros como experiencia personal por infinidad de motivos. El ingeniero agrónomo Pedro “Coco” Conti, 66 años de edad, residente en Ombúes de Lavalle (departamento de Colonia), y vinculado a Nueva Palmira, recorrió el “camino más largo”, el que comienza en Francia.
El Portal APU.uy compartió una reunión con Conti y en la misma le preguntaban cómo había sido su peregrinación por el Camino de Santiago. Nos resultó muy interesante su experiencia y ahora lo
entrevistamos para compartir con los lectores.
¿Tenías pensado hacer el viaje o fue algo que te surgió y dijiste “lo hago”?
Comencé a pensar en el viaje un año y medio antes de hacerlo, y me preparé psicológica y
físicamente.
¿Qué te motivó a peregrinar?
Normalmente la gente lo hace por un interés espiritual, religioso, a mí me movía más romper el equilibrio. Me había jubilado y el parate de la vida laboral implicaba que tenía algo así como renacer a la nueva etapa de mi vida. Es importante encontrarse con uno mismo. Al hacer el camino de Santiago uno sale de su entorno, de su país, y tiene más tiempo de pensar, sin que te distraiga la cotidianeidad.
¿Cómo te preparaste?
Son varios los caminos que hay para llegar hasta Santiago de Compostela: el camino portugués, el inglés, el francés, el camino de la plata. Elegí hacer el camino francés que es el más tradicional, el más antiguo, el más largo, que se inicia en Saint Jean Pied de Port (Francia) en el límite con España. Son unos 800 kilómetros de viaje, más o menos. Unos lo hacen por otro camino en bicicleta una parte y al menos 100 kilómetros tienen que hacerlo a pie. Yo hice el trayecto que es totalmente a pie. Me preparé en Ombúes caminando todos los días desde un año antes. Comencé con dos kilómetros, después pasé a cuatro a ocho, a diez hasta llegar a caminar 25 kilómetros por día.
¿Lo fundamental debe ser cuidar los pies?
Sí. Exacto. A veces uno acá no le da mucha importancia al cuidado de los pies, y es fundamental. Comencé el camino de Santiago a final del verano europeo, en otoño, caminé durante 33 días, del 23 de agosto al 25 de setiembre, fue este año. Hice un promedio de 25 kilómetros por día, entre seis y ocho horas por llanuras, subidas y bajadas, senderos pedregosos. Encontrás asfalto y veredas cuando entrás a un pueblito o ciudad en el camino.
Lo que hay que lograr es que no aparezcan ampollas en los pies, heridas. Por suerte fui uno de los pocos que no tuve ampollas en el viaje. Vi en el camino mucha gente con ampollas muy grandes, sufrían muchísimo porque querían continuar y no podían. Es fundamental la pedicuría, el calzado y las medias. Hay que prepararse para caminar. Personalmente, compré dos pares de zapatos para senderismo, uno era de una marca conocida y el otro una marca totalmente desconocida. Me resultaron espectaculares los dos, aunque
prácticamente usé uno solo, con los que caminé en Ombúes en los seis meses últimos. El zapato tiene que ser un número más del que usas, para que no te lastime, y las medias tienen que ser de lana de oveja y sin costuras porque la costura raspa y termina lastimando. Parecen detalles pequeños, pero son importantísimos.
¿Llevabas bastones y mochila?
Llevé dos bastones que me regalaron acá en Uruguay. Pensé que no los iba a usar, antes de ir me daba la impresión de que eran para pinta cuando veía imágenes de peregrinos. Parece mentira, pero son fundamentales los bastones, te ayudan tanto a subir como a bajar. La mochila tiene que ser para llevar cuatro o cinco kilos porque a lo largo de los días sentís que te pesa más. Yo llevaba una muda de ropa, medias, jabón, pasta dental, una toalla, algo para comer en el camino, y un litro de agua en dos botellitas de medio cada una. Como muchos, contraté un servicio de correo que me iba dejando la valija en el próximo lugar que llegaba, son empresas que se dedican a eso, te trasladan el equipaje al lugar que llegas día a a día.
¿Por qué tan poco agua?
Durante el camino conseguís agua en forma fácil. La gente de los pueblos, de las ciudades, está acostumbrada a los peregrinos y a veces pasabas por un lugar donde veías solo una casa en medio de la nada y afuera había botellas con agua fría de regalo, o una mesa con manzanas o torta, o pan, agarrabas algo y seguías. O simplemente te encontrabas con una señora debajo de una sombrilla y lo que quería era charlar con los peregrinos o un paisano trabajando ¡Increíble todo!
¿Viajaste por agencia o en forma particular?
Por agencia. Lo bueno es que tenés todo el recorrido establecido, ya contratado el lugar donde te vas a quedar en la noche, pero tiene la desventaja que si querés quedarte a recorrer una ciudad o un pueblo y se te pasa el tiempo y no llegás esa noche al lugar contratado tenés que pagar un sobrecosto.
Cada tres o cuatro kilómetros hay un pueblito que podés recorrer, y están las ciudades grandes. Para quedarse hay varias opciones. Están los albergues que no pagás, das a voluntad, esos lugares son los primeros que se llenan. Ahí te dan una cama y un colchón, más nada. Tenés que poner tu ropa de cama, el abrigo, la almohada y todo lo demás. La gente normalmente lleva un sobre de dormir y utiliza la mochila como almohada. Después están los albergues municipales que ahí pagás entre tres y cinco euros para quedarte tampoco te dan ropa de cama, pero ya es un poco mejor. Después tenés los albergues de la iglesia cuestan siete euros y no te dan ropa de cama; y están los albergues particulares que te dan una ropa de cama descartable, almohada y un tipo de frazada.
Los baños son compartidos y las habitaciones también. Después hay otros más caros de 20 euros y los hoteles o cabañas que son más caros. Me quedé en albergues particulares en todos los lugares. Te dan el desayuno, pero al almuerzo y la cena la tenés que comprar aparte.
En el viaje te encontrás con pueblitos de 500 a 2000 habitantes, o las ciudades, en todos lados hay restaurantes y bares, con el menú del peregrino, que consta de una entrada con cuatro opciones, plato principal (pasta o arroz, con carne de vaca, de cerdo, de pollo o de oveja o pescado, postre, y una bebida que puede ser un vaso de cerveza, de vino o de agua o lo que elijas. El menú cuesta entre siete y 12 euros. En todos lados hay almacenes de campo, negocios donde podés comprar lo que necesitás para el viaje.
¿Eran muchos los peregrinos en el camino desde Francia?
A la salida, vamos a decir, éramos entre cincuenta y setenta personas. Después a medida que avanzás va cambiando todo, te encontrás con gente que comienza en otros lugares, gente que opta por el recorrido de 300 o 400 kilómetros. Muchísima gente sale de lo que se conoce como la última parte, que son unos 100 kilómetros caminando, porque es el viaje mínimo que podés hacer si querés recibir el certificado de que hiciste el camino de Santiago. Hay momentos en que no encontrás a nadie en el camino o ves familias enteras, grupo de amigos, personas solas. Y por supuesto, muchos grupos de jóvenes y de adultos católicos, que cada tardecita tenían misa en el lugar donde llegaban. Las nacionalidades son muy diversas, muchos norteamericanos, mexicanos, brasileros, europeos. Me encontré con coreanos que iban con guitarra y cantaban y filmaban, se
ve que eran youtubers. Las motivaciones de los peregrinos son diversas.
¿Qué sentiste cuando llegaste a la meta, a Santiago?
Como una sensación un poco de tristeza, porque lo lindo es el camino, ese día a día.
¿Lograste el objetivo que te propusiste interiormente?
Sí, sí, sí. Te metés en el cambio logras cerrar una puerta y abrir otra. Después de años de estar metido en el ambiente laboral, en el campo, en la producción agrícola, ésta es la primera zafra en la que no estoy trabajando y no estoy preocupado.
Nota: Pedro “Coco” Conti está casado con Adriana Gatti, tienen tres hijas adoptivas y seis nietos.
Viven en Ombúes de Lavalle. Perdió 7 kilos en las caminatas de preparación, y 10 en el Camino de
Santiago. Fotos gentileza de “Coco”


