22 de Julio del 2024
Sala de Redacción
Para no ser menos...
En Paysandú se vende una Plaza Pública
Plaza de los niños en Paysandú
Foto: Captura de redes sociales

¿Cuál es el valor social y ciudadano de un espacio público de recreación? Esa es la pregunta que se hace buena parte de la sociedad sanducera y que en este artículo comparten por la Intersocial de Paysandú, Carla Bernardoni y Pedro Russi para el Portal APU.uy.

Después de más de tres décadas de existencia los vecinos de la “Plaza de Palos” ubicada entre las calles Uruguay y Enrique Chaplin, al Este de la ciudad de Paysandú, asistieron impotentes a su demolición. Impotentes porque, sin previo aviso, se desmontó por parte de las autoridades municipales un espacio ciudadano, es decir, un espacio público de recreación, de esparcimiento y convivencia. Uno de los vecinos relata, y sus palabras reflejan el estupor ante la pérdida del único espacio público del cual “dependen cerca de 20 barrios, hay cuatro CAIF, cuatro canchas de fútbol, una escuela, el centro comunal Gamundi, hay asociaciones de discapacidad que realizan actividades con juegos y gimnasia. Incluso partidos políticos hacían sus actos. Es una plaza con muchas actividades durante el año”[i], utilizado también por centros de tercera edad.

Este vecino también expresó que la relación con las sucesivas administraciones municipales era fluida, “hablábamos con cada intendente para que fuera mejorando el lugar”, lo que de hecho fue sucediendo. Además, señaló que la oposición de los vecinos ante un intento de realojamineto de inundados en ese sitio convocó a la recolección de firmas y obtuvieron que las autoridades cancelaran esa medida.

La  Agencia Nacional de Vivienda vio que había un terreno y simplemente lo vendió sin fijarse que hay una plaza.

Es un predio de la Administración Nacional de Vivienda (ANV), son dos padrones categorizados para viviendas de interés social, pero hace un tiempo ese espacio fue dejado para crear esa plaza. Vecinos consultaron al director de la ANV y les dice que no tenía conocimiento de que un integrante de su cartera había vendido la Plaza; sí, leyó bien “una persona de la ANV, había vendido la plaza” … ‘¿qué me contursi?’[1]

Siguieron las consultas, y al solicitar una reunión con el secretario general de la Intendencia, Fermín Farinha, con la presencia de una escribana, “me dan una explicación que no me llenó. Según ellos, la Agencia Nacional de Vivienda vio que había un terreno y simplemente lo vendió sin fijarse que hay una plaza. En realidad, cualquiera puede fijarse en Google Maps y saber dónde se encuentra ubicado un terreno”[ii], comenta el vecino. No vamos a entrar aquí en el tema de que bastaba accionar un par de teclas y, voilà, la o el responsable tendría respuesta de que allí había (sí, había) una plaza pública con juegos infantiles… un detalle que se les escapó, un sutil detalle… La intendencia de Paysandú, cuando se enteró de la venta, ya era tarde, “se equivocó la paloma, se equivocaba”, reza el poema de Rafael Alberti, o como decía un viejo sketch, "¿usted no desconfiaría?".

Sumamos a lo anterior, de que hay desconocimiento de cuándo cambia la recategorización del predio (raro, ¿no?), ya que esa recategorización posibilita la venta un privado, de la plaza pública que hace 34 años está en ese lugar con ese fin. El vecindario se enteró cuando los juegos estaban siendo desmontados y derrumbados.

Agregó el vecino que, “nunca tuvimos problemas. Hasta el jueves pasado, cuando me avisaron que estaban sacando los juegos de madera. Pregunto a los encargados, me dicen que al terreno lo había comprado un privado que pidió su desmantelamiento”[iii].

Es bueno aclarar que una plaza apropiada por la comunidad, no es simplemente un espacio dentro del burocrático cuadriculado citadino, es mucho más, es dignidad, seguridad y derecho al momento del juego por parte de los niños y las niñas, del encuentro familiar y con la vecindad. Encuentro, esa característica sobre la cual se hace el tejido social, el cotidiano que nos sitúa como ciudadanos y ciudadanas. En un contexto local, regional y mundial, en que los lugares de encuentro escasean, por “la piqueta fatal del progreso”, esta demolición de una plaza con juegos infantiles, se hace más significativa. El destruir una plaza, espacio público de pertenencia por el acto de la convivencia, no solo es una consecuencia de determinados paradigmas sociales y urbanos, es un método de destrucción de la democracia. No hay casualidades en el actuar de la municipalidad, no hay hilos sueltos, nada está dado por acaso, cuando unos lindos juegos de madera, terminan destruidos y extirpados, para que la privatización se haga cargo.

Proseguimos, y también nos preguntamos, ¿cómo podemos mirar esta situación? Desde una perspectiva de Derechos Humanos señalamos que estos exigen responsabilidades y no toleran cualquier tipo de comportamiento social, político o cultural; arbitrario o discrecional. En este caso particular, de un espacio de juegos infantiles y esparcimiento familiar, es posible advertir una incoherencia e inconsistencia entre el discurso de las autoridades municipales y las posiciones asumidas ante sus conciudadanos. Algo que no es extraño en este tipo de acciones privatizadoras.

Cuando el ‘hacer’ es también ‘decir’.

La invocación a la “heroicidad” de Paysandú, al adoptar el lema de “Tierra Heroica” en relación a la defensa de la independencia nacional frente al atropello de los invasores locales y extranjeros no guarda relación con la política del gobierno departamental. Las palabras y actitudes como la que señalamos en esta nota reflexiva se distancian de la histórica defensa invocada. Es, en estas instancias, que se observa el uso de frases de efecto —algo común en este tipo de gobierno departamental—, menoscabando su sentido y significado concreto. Digamos, cuando el ‘hacer’ es también ‘decir’.

Mientras, en Paysandú, se gastan millones de dólares para: resignificar arbitrariamente la plaza Constitución, plaza central de la ciudad por su significado histórico; contratar empresas y profesionales extranjeros —muy costosos, dígase de paso— para diseñar un nuevo plan que destruye el sentido público la costa del Río Uruguay y, ahora, la sorpresiva venta de un espacio de recreación en una zona de “la periferia” de la ciudad desconociendo los derechos de ciudadanos y ciudadanas, constituye un atropello. Estos son algunos actos.

La Constitución indica que las autoridades deben velar para que todos los ciudadanos y las ciudadanas sean tratados como iguales. ¿Cuál es el principio que sustenta esta resolución oculta a quienes gozan y resguardan un espacio público consolidado por su uso y cuidado responsable? ¿Por qué ignorar los derechos de estos vecinos frente al despliegue millonario destinado a otras áreas de la misma ciudad? ¿Casualidad? o ¿Despecho político? ¿Ninguneo social hacia los y las ciudadanas que vivenciaban ese espacio de recreación?…

Nos encontramos nuevamente con políticas para ciudadanos de categoría A y los de categoría Z. 

Arrasar, de esa manera, con un espacio que era de recreación familiar, no es optar por la ciudadanía, sino por la homogenización, domesticación e higienización de la vivencia urbana. claro, es mucho más fácil higienizar un espacio que no es utilizado por ninguno de los jerarcas municipales que tomaron la decisión. Porque si hicieran uso de ese parque recreativo, bajo ninguna situación dejarían realizar su venta. Así nos encontramos nuevamente con políticas para ciudadanos de categoría A y los de categoría Z. Vale destacar, que esos espacios donde hay juegos infantiles, también es cultura; es recomendable abrir el espectro conceptual de lo que se entiende por cultura. En este caso es también un golpe a la cultura de un barrio sanducero. Esta privatización de esa plaza es un sincretismo que atropella y disuelve el cotidiano de la ciudadanía

Frente a esa violencia que es material y simbólica, como ciudadanos y ciudadanas, exigimos la revisión de esta medida para recuperar el sentido de que la verdadera autoridad “emana de vosotros y cesa ante vuestra presencia soberana”, como señaló Artigas hace más de doscientos años. Escuchar a los vecinos y a las familias y sus integrantes que se están movilizando y reclamando por sus derechos es deber de un ciudadano y democrático gobernante.

El jueves 18 de julio, tuvo lugar una de las primeras acciones, se realizó una actividad motivada y gestionada por la indignación democrática de vecinos y vecinas (no por partidos políticos). Se llamó, "todas y todos por la plaza". Habrá futuras actividades y también se han juntado hasta el momento unas 2000 firmas, movimientos colectivos para frenar este atropello del gobierno nacional y departamental. Acciones que han potenciado la posibilidad de pedidos de informes a nivel nacional.

Uno de los vecinos (en red social digital) comparte una reflexión, “porque si hay alguien que vende una plaza, y al alguien que compra una plaza, como sociedad estamos muy mal” … la solución es un tema de voluntad política, algo tan simple y tan intenso.

Al tratarse de un espacio público, es esencial para democracia y transparencia, que la ciudadanía conozca ¿quién o quiénes se benefician con esa venta? ¿cuál fue el monto y quién pagó por esa compra?

Y… queda en el aire otra pregunta, ¿qué se borra cuando se vende un terreno que hasta hace unos días fue la placita del barrio con juegos infantiles?”

 

Por Intersocial de Paysandú, Carla Bernardoni y Pedro Russi    

Intersocial Paysandú

  

 

 

 

[1] Interlocución aceptada por el Diccionario de Americanismos de la Real Academia de la Lengua Española – de manera popular “se usa para expresar asombro ante un determinado hecho e invitar al interlocutor a hacer algún comentario sobre el mismo”.

[i] https://www.eltelegrafo.com/2024/07/se-vendio-una-plaza-aseguran-los-vecinos-del-espacio-de-uruguay-y-enrique-chaplin/

[ii] ídem

[iii] Ídem