Nacional ganó sobre el cierre del tiempo agregado en un corner que cabeceó Corujo ante Dawson que seguía de espectador como todo el partido. El objetivo de Peñarol fue pasar la serie. Fue el mejor en la llave y con su buen partido de ida logró el objetivo.
Un mal clásico, jugado sin lucimiento de ninguno de los dos, bien diferente al de hace 7 días. Con faltas fuertes cartón ligador fue Cepellini. Recibió todas las que andaban en la vuelta cada vez que intentaba salir jugando.
Peñarol se defendió, cedió terreno y balón. Prácticamente no atacó, se recostó en su línea de zagueros y protegió el control del balón en el intenso trajinar de Canobio, - el mejor jugador de la cancha en todas las facetas, recuperando, gestando, intentado y llegando – la buena disposición de Gargano y el buen partido de Cepellini. Los zagueros aurinegros fueron expeditivos. Los laterales salida y adelante fueron superados la mayoría de las veces.
Sobre el final del primer tiempo una llegada de Nacional complicó a la última zona aurinegra con Corujo ensayando una chilena. Así llegó el final de la primera mitad. Primer tiempo mal jugado, sin emotividad y sobre todo con un equipo como Nacional, que precisaba por lo menos dos goles para aspirar a dar la pelea por la clasificación y no existió en el arco de enfrente. Ni los cambios ensayados por su entrenador o la disposición intentando darle más desborde y profundidad le dieron solución. Nada rindió a sus intereses.
El segundo tiempo mostró a Nacional saliendo a buscar el partido y Peñarol defendiéndose, ahora si decididamente jugado al contragolpe.
Después de primeros quince de mejor actitud tircolor, lentamente Peñarol tomó definitivamente el control del juego, lo contragolpeó, lo inquietó con la mejor jugada de ataque que tuvo Peñarol. Entre Álvarez Martínez y Torres, la armaron y lamentablemente, fue mal finalizada por parte del centro delantero canario, que quedó solo sesgado al arco - luego de que Torres le sirvió el balón - y su remate fue desviado ancho sobre el palo derecho de Rochet.
Nacional ensayó cambios. Sin resultados. Los cambios no produjeron cambios.
Entreveros de alta pulsación. Los minutos se iban y Peñarol ya era dueño absoluto del control del balón y del partido. Dos expulsiones sobre el final. Se hizo cortado cada vez más. Algunas acciones de mala intención como el puntapié de Musto o el cabezazo de Cantera ya de suplente, que entró para agredir al argentino. Pudo haber degenerado en más, felizmente no pasó a mayores.
Se cerraba con un cero grande y en un corner generado por un balón metido en profundidad que entre Formiliano (que se anuncia jugó su último partido y se va a seguir su carrera a México) y Dawson que no lograron aguantar, termina en corner. De ese tiro de esquina, llega desde atrás Corujo y mete fuerte cabezazo ante la pasividad del arquero aurinegro, mero espectador en el partido y en el final también.
Nacional maquilló su eliminación ganando en el estadio de su archirrival. Jugó mal la serie, fue eliminado por un rival superior y tácticamente Larriera fue el ganador y dominador en los dos juegos.
Peñarol festeja una clasificación sustentada en su muy buena performance en el partido de ida.
Las llaves del mano a mano son de 180 minutos y en el global Peñarol fue superior, se plantó de visitante y debió haber liquidado la serie ahí con la numerosa cantidad de chances y remates al arco que realizó. Hoy el “carbonero” especuló con ese resultado, pero al igual que en el Parque Central, desatendió momentos efímeros del juego y tomó dos goles uno en cada partido que terminaron siendo demasiado premio para Nacional.
Capuccio no logró armar un equipo que compitiera con chances la llave, terminó siendo un rival anodino, falto de sorpresa, de calidad colectiva. Peñarol sigue ahora, de manera justificada en la Copa Sudamericana.
Habrá que ver y analizar cómo influye esto para el ámbito local y en la motivación de los equipos. Falta bastante para terminar la temporada.
Los arbitrajes de los clásicos por parte de los dos internacionales de categoría como Pitana y Daronco dejan en claro que la calidad para llevar los partidos depende de la experiencia y el dominio de la autoridad ante los jugadores. Sin dejarse medir, ni presionar.
Los árbitros y su faena, de lo más destacado en la llave,


